No hay palabras para describir la aterradora masacre ocurrida el 14 de julio en Niza, ni el dolor, horror y desconcierto que sentimos. Este fue un ataque sin compasión, ni razón, contra familias completas que inocentemente disfrutaban de la celebración del Día Nacional de Francia.
Tendidos en el piso quedaron más de 80 cuerpos, muchos desmembrados, de abuelos y niños, de mujeres embarazadas y adolescentes, de padres e hijos. Asesinados por la fuerza de un camión de 18 toneladas, manejado por un jóven de origen tunecino; uno de esos rabiosos lobos solitarios cegados por el odio que los yihaistas promocionan por todos los medios, especialmente en las redes sociales.
Con los recientes y mortales ataque, el ocurrido en el club gay de Orlando y este...