La mayoría nunca se equivoca y si temporalmente lo hace, la historia ha de decir que fue por una mala y rara influencia de la minoría. Por suerte para nuestra débil estabilidad institucional, en el proceso de votación del pasado 26 de agosto, el silencio de la mayor parte del cuerpo con opción de votar, sirvió para evitar un atroz atropello a la Constitución. Pudo haber sido por un solo voto, como pudo haber sido por una gran cantidad de votos, el hecho es que, si bien 12 millones de ciudadanos votaron por el SI, no menos de 20 millones, según las cifras electorales, se abstuvieron de participar en el que hubiese sido el más horrendo atropello a la Carta.
No quiero dudar de la buena fe del Presidente Duque y de gran parte de los promotores de...