A ratos, soy motociclista. Así que no tengo ninguna molestia con ese tipo de vehículo. Y sé que es el medio de transporte de miles de trabajadores y sus familias. Pero debo denunciar que los robos ejecutados desde motocicletas continúan disparados en el Valle de Aburrá, y en especial en el occidente de Medellín y también en Laureles y El Poblado.
La situación, además, pone en duda el rigor con que la Policía está haciendo cumplir la medida de prohibición del parrillero hombre. Pareciera que finalmente solo termina afectando a los motociclistas honestos, pero que los pillos que usan este vehículo, que les permite mayor agilidad, se pasean en los bigotes de las autoridades y de los mismos ciudadanos indefensos.
Hace unos cinco meses fui testigo...