Como el fútbol, nada hay en el mundo. Nada, absolutamente nada se le compara. No, por supuesto, otros deportes, más locales, menos globales, como el béisbol tan popular en Estados Unidos o el ciclismo entre nosotros. Ni el cine, ni la música, ni, mucho menos, la religión o la política. Si la FIFA reúne en su seno 211 asociaciones nacionales, en las Naciones Unidas apenas 193 estados son miembros. En el fútbol se integran las generaciones, las razas, las religiones, los sexos, las clases sociales. Detrás del balón coinciden el niño, el padre y el abuelo, mujeres y hombres, negros, blancos, orientales, católicos, judíos, musulmanes y ateos, ricos y pobres, sin distinción. Todos se confunden en la pasión de la camiseta nacional y del escudo del...