Gracias a los buenos oficios de San Pedro que se encargó de repartir sendos aguaceros en buena parte de la geografía nacional, y del buen hacer de las autoridades nacionales, la marcha del pasado miércoles 28, llamada la gran “Toma de capitales” (programadas en 12 ciudades principales), fuera de los consabidos actos de vandalismo en propiedad pública y privada y los tropiezos de movilidad ciudadana (deplorables todos), no solo no pasó a mayores, sino que me atrevería a decir que, para las expectativas que tenían sus organizadores, fue un completo fracaso.
A pesar de ser la séptima movilización, supuestamente a favor de las universidades públicas, tampoco fue una marcha estudiantil pues, aunque estuvo liderada, entre otros, por los estudiantes...