Son muy bajitos los estándares morales y éticos de una sociedad cuando predomina una tendencia fortísima a castigar la excelencia y premiar la mediocridad. Nivelar por lo bajo en países de agudo subdesarrollo cultural es, no sólo una costumbre y una consigna, sino también una política institucional que se transmite de generación en generación.
Dos ejemplos ilustrativos: En el torneo de fútbol, el equipo que puntea en la tabla desde el principio hasta el fin, tiene que vérselas con los siete que le siguen para demostrar que sí es el campeón. No valen su excelencia deportiva, su acreditación suficiente como el mejor a lo largo de tantas jornadas y la obtención del primer puesto con base en el juego limpio. En la política, al candidato que obtenga...