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Publicado el 16 de marzo de 2022

Sensatez para elegir

Por Luis Guillermo Echeverri Vélez - redaccion@elcolombiano.com.co

Llegó el momento en que los colombianos tenemos que razonar con sensatez, sentido común y acierto sobre nuestro propio destino. Hay dos caminos, la opresión totalitaria tras la destrucción que ha seguido a las promesas populistas o el difícil camino de mantener la democracia en función de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Saliendo de un ciclo económico adverso y entrando en otro de dimensiones aún desconocidas, ambos caracterizados por choques exógenos de naturaleza global; el covid-19 y la inhumana e innecesaria guerra contra Ucrania y Occidente generan una incontrolable carestía, afectan oferta y demanda de la movilidad mundial, mercados financieros y términos de comercio internacionales y acentúan la pérdida de poder adquisitivo en términos reales de todas las monedas del mundo.

La prohibición de reelección deja al gobierno Duque sin la oportunidad de seguir realizando la tarea que contra viento y marea ha conseguido adelantar en tan poco tiempo. El balance del país presentado por este gobierno, acompañado por la tenacidad del emprendimiento nacional y de los trabajadores colombianos, es bueno y loable, lo acreditan cifras, resultados y un comparativo con la situación de naciones vecinas.

En medio de esta elección, lo que no puede perder Colombia es el rumbo que lleva el bus en el que vamos todos. Si queremos continuar por el camino productivo, y no por el de la destrucción y la miseria por el que optaron gobiernos vecinos siguiendo a Cuba y Venezuela, se puede cambiar con sensatez la titularidad de la conducción del Estado, pero no perder la continuidad y estabilidad que demanda nuestro desarrollo.

A nada bueno conduce el engaño populista. Equivale a entregarle el volante del bus en el que van nuestros hijos al colegio a un conductor terrorista, ebrio de poder, resentido y asociado a un largo historial criminal, o la administración de una guardería a pirómanos y violadores reconocidos disfrazados de maestros educadores.

Es el momento de comprender que la política importa. La responsabilidad hoy es de nosotros los ciudadanos. Es ahora que el sector privado y sus líderes institucionales deben defender el sistema de libertades. Cada madre, padre, hermano, trabajador, empleador, cliente, proveedor, pariente o amigo debe explicarle a los demás que requerimos unirnos para elegir un presidente honorable y responsable.

No se trata de cambiar para empeorar. Menos dejar el camino del desarrollo que nos permite transformarnos en una sociedad próspera, engañados por la dialéctica de la retórica demagógica que históricamente ha utilizado el populismo para sembrar miedo, odio, envidia y resentimiento en las sociedades. Tenemos que estar más unidos que nunca en nuestra propia diversidad.

Para comprender que el valor de la unidad de propósito como nación está atado a la transformación enfocada en la cultura, la convivencia ciudadana, el desarrollo y el respeto por los principios y los valores éticos consignados en nuestro pacto social, debemos entender el valor de la declaración de derechos humanos en contraposición a la herida que dejó la embriaguez sanguinaria de poder de Robespierre, emulada por el populismo actual. Esta es solo la máscara detrás de la cual se esconde la opresión que sobrevino a los procesos revolucionarios de Francia, Rusia, China, la Alemania nazi, Corea, Cuba, Venezuela y todas las naciones que han bebido la cicuta del comunismo.

“Libertad y Orden”. Pueblos e individuos libres, pero dentro del marco de la legalidad. Jamás sometidos por las fuerzas anárquicas aliadas al crimen organizado. “Igualdad”. Asegurada por una administración de justicia que garantice que las oportunidades sean para quienes cumplan sus obligaciones ciudadanas, y no para personas de mejor derecho que están por encima de las normas y anteponen intereses personales e ideas políticas al bien común y el interés general. “Fraternidad”. En la conducción del Estado con sentido social, garantizando el emprendimiento y la inversión responsables y solidarias como única forma de generar valor y poder mantener la democracia

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