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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 25 de marzo de 2019

¡SIN HORIZONTES!

El pasado martes recibí a través de una de las redes sociales una versión pictórica sombría del muy amado óleo “Horizontes”, confeccionado hace 106 años por el gran maestro yarumaleño Francisco Antonio Cano, y con el cual él quería mostrar la pujanza antioqueña a través de un campesino emprendedor que en su mano derecha sostiene un hacha, mientras con la izquierda le muestra a su mujer –quien carga al hijo de ambos– la lejanía; atrás de ellos yace un saco con las semillas que se deberían plantar.

Pero en el nuevo cuadro las cosas cambian de forma dramática y sustancial: los miembros de la familia, recostados sobre un burdo chamizo que alguna vez fue un árbol (que otro hombre tapado, tal vez pretende derribar) y munidos de aparatos celulares, lucen espantosas caretas contra el smog y, al fondo, una Medellín descompuesta es señalada por el varón enmascarado. El mensaje no puede ser más desolador y realista, máxime si se acompaña de una horrible foto de la ciudad que, camino a otra urbe contaminada en la cual tampoco se respeta la vida como es Bogotá, puede verificar desde lo alto de la montaña.

Pero también, ya en la tarde de ese lóbrego día, tuve acceso a la última columna periodística publicada en “Arcadia” por el escritor y filósofo Pablo José Montoya Campuzano intitulada “Medellín: SOS por el aire”, en la cual él –tras recordar su importante manifiesto de hace tres años, que fuera recibido con oídos sordos– vuelve a llamar la atención de todos sobre la necesidad de enfrentar este grave fenómeno con medidas profundas y no con paños de agua tibia, después de que las personalidades a las que acudió en búsqueda de apoyo para su proclama le dieran la espalda. Por eso, con toda razón, aboga por la construcción de “un movimiento cívico capaz de hacerse oír y capaz, sobre todo, de modificar los modelos sociales y económicos por modelos sostenibles”.

Como es obvio, el problema ambiental está dictaminado desde hace rato y también las soluciones; es más, en este espacio –cuando hace poco se vivió una emergencia similar– publiqué un par de escritos referidos a ambas cosas y con propuestas muy concretas que, como siempre, fueron desatendidas por estos anodinos gobernantes que solo piensan en la farándula y la consecución de votos en medio del despilfarro de los dineros del erario. Es que tampoco a buena parte de la clase dirigente el asunto le preocupa porque solo está dedicada a producir oro –más caudal para llevar al panteón– y la consigna glotona, por ahora, es construir más edificios, exhibir carros último modelo, abultar las cuentas bancarias, etc.

Incluso, en general, la apatía entre la ciudadanía es muy grande porque no hay conciencia ecológica y la mayoría de los ciudadanos cree que luchar por un medio ambiente sano es tarea “de los demás”; incluso, a nadie le interesan las estadísticas cuando indican que la pestífera contaminación existente enferma o mata a miles de personas, cada año, en el Valle del Aburrá y que este espacio geográfico se convirtió, de forma lenta pero segura, en un azaroso sepulcro para millones de personas.

Así las cosas, el nuevo llamado del importante intelectual es válido y pertinente, pero en atención al desgano, la apatía e incultura reinantes en estas materias, no hay que esperar muchos progresos porque crear conciencia entre todos para apuntalar un gran movimiento cívico como el que demanda, es tarea de muchos años; todavía, pues, será necesario elegir más autoridades pedestres que solo representen los intereses de quienes más contaminen para que la burla cotidiana continúe su marcha. En fin, se requerirá ver sucumbir a más conocidos, parientes y amigos, hasta que digamos “basta ya” y empecemos –de la mano del gran artista Cano– a reflexionar y edificar un verdadero porvenir para los descendientes porque, por ahora, las únicas consignas parecen ser la soledad y la muerte.

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