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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 25 de septiembre de 2021

Sobre alzas
sin control

Estación Malestar, a la que llegan amas de casa quejosas y gente que mira el salario y sabe que no le alcanza, los que maldicen comparando precios con los de hace un mes (un 5 %, un 10 % más) y los que deciden qué cosa dejar a un lado, pues la plata que llevan para mercar es la precisa y deben guardar para el transporte; los que entran en los supermercados y se echan la bendición, no sea y el diablo se burle en las estanterías. También hacen fila los que no saben si el IVA subió o si fueron solo los productos, los que no entienden por qué, si falta empleo, suben los precios como si viviéramos en el país de la abundancia, y los que con solo pagar en la registradora ya saben que están haciendo dieta a la brava, sin que falten, claro, los que sospechan que los servicios han subido porque están pagando una obra pública llena de errores y corrupción y, entonces, el genio se les agria y por la cabeza les pasa lo peor. Como se ve, es una fila de sufridos y alterados.

En un mundo sensible a la economía y la política, las chispas saltan fácil. Y las que más combustión producen son las que tocan con el dinero de los asalariados, que ven que lo que ganan rinde menos (no alcanza, dirán las señoras), indicándole a los poseedores que se están volviendo pobres, lo que genera un sentimiento de pobreza que es más hiriente que la carencia misma, como bien explica Peter Singer, el filósofo australiano. Sentir que nos volvemos pobres en el preciso momento del consumo y los avisos que hablan de ser felices, revuelve las entrañas y lleva a pensar mal del gobierno y las instituciones. Y ahí está la chispa.

En la historia, las grandes revueltas se han hecho por motivos económicos: carencias físicas, impuestos desmedidos, abusos del comercio, etc. Y muchas han ido hasta lo peor cuando el gobierno se hace el desentendido y, para colmo, luce su corrupción. Y en estos casos no valen las palabras, sino los hechos concretos. En medio de una economía que agrede al consumidor, todo gobierno es un mal gobierno, dado que no hay control en los precios ni en la calidad de los productos, en la legitimidad de los impuestos y la intención de la inversión. Esto se ha dicho, pero parece que por aquí no oyen.

Acotación: Cuando las necesidades básicas no logran satisfacerse de manera adecuada (comida, vestuario, vivienda, salud, educación), la paciencia es palabra que no existe y la esperanza es una burla. Solo existe la reacción, que carece de ideología y de creencia. Es que el asunto de lo básico toca con la vida y si esta no es posible... bueno, sigan con las subas sin control y vendrán tiempos finales

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