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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 04 de septiembre de 2021

SOBRE LA CORRUPCIÓN DESBORDADA

Estación Decadencia (o, si se quiere, Inmoralidad), a la que llegan los que roban bienes públicos y hacen trampas en los contratos, los que falsifican informes y los que ocupan cargos para los que no están preparados, los que no cuestionan lo que está mal, sino que lo aplauden, los que engañan y defienden mentiras como si fueran verdades, los que calumnian y después se salen con una rectificación cualquiera, los que dicen que la ética y el derecho son cosas distintas (extraña teoría), los que juran en falso y los que confunden la psicopatía con la entereza, los que ejercen el nepotismo y el amiguismo, creyendo que el gobierno es un bien personal y no una obligación con los ciudadanos. Y, claro, no faltan los de títulos falsificados y hojas de vida con estudios que no tienen. Y todos estos, mientras hacen fila (si la hacen), se ríen.

La inmoralidad es lo que va en contra de la moral, esta costumbre que se tiene como buena porque permite que la comunidad se desarrolle y la persona se vuelva más humana. O sea que el inmoral es un destructor, un pecador (entendiendo el pecado como lo que va contra los órdenes naturales) que legitima los errores que lo deshumanizan y, para los ciudadanos que pagan impuestos para obtener un buen vivir, un peligro. Y esa inmoralidad, que ya parece uno de los jinetes del Apocalipsis (o todos juntos), se toma el Estado, las ciudades e incluso las empresas, afectando el objetivo social y de justicia de las instituciones, los sistemas productivos y todos los pasos que tienen que ver con la calidad de vida y de los productos.

Cuando se mira los países del tercer mundo, en los que los gobernantes saquean tierras e impuestos, en lugar de crear naciones dignas, y en los que la educación está llena de normas que obstaculizan o no se cumplen, la palabra que se mueve en todas las direcciones es corrupción. Son países en los que abundan las falsas democracias y las constituciones fallidas, mientras las mentiras corroen la confianza y a las instituciones no llegan los mejores, sino los que hacen parte de clientelas, que se pagan favores personales. Esto se ve en África, en algunos países asiáticos y a lo largo de toda Latinoamérica, donde curiosamente se vive de los pobres (aumentándolos), de las ignorancias que se predican y de la fuerza bruta. Puro realismo mágico infame.

Acotación: La corrupción es la vía más rápida para acabar con las ciudades y los ciudadanos, el campo y las tareas agrícolas, las industrias y la producción competitiva. Y en medio de ella reinan el desorden, los deseos obtusos y desmesurados, la ignorancia atrevida y la violencia, la destrucción moral y la supervivencia, que no es una manera de vivir, sino de no dejarse morir. Y, bueno, ahí vamos, descendiendo a los infiernos

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