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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 23 de octubre de 2021

Sobre la eco-experiencia

Estación Tierra, a la que llega el agua enferma y el hielo polar que se deshace por el calor, la raíz agroquimizada y el insecto envenenado, la naranja transgénica y la mandarina enana, el humus perforado y el humedal contaminado por el combustible fósil, el pez que muta debido a la basura y el camarón reseco, el aire contaminado y el ruido enloquecido, la tortuga que se ahoga con el plástico y la playa cubierta por envases, bolsas, pilas y chanclas, sin que falten los que todo lo queman y destruyen. Y mirando a esta fila (que aumenta y es variada), las multinacionales mineras con sus máquinas depredadoras de subsuelo; los productores de elementos radiactivos para integrarlos a computadoras, carros eléctricos y celulares; los propagadores de vacunas sin ensayos previos y en el tiempo que se recomienda; los exageradores de pandemias (¿qué se está haciendo con las jeringuillas y tapabocas?); los gobiernos que se corrompen y se asesoran solo con el deseo y nada de inteligencia. Bueno, el ambiente no es acogedor en la estación Tierra.

Por más que se hable de progreso (que no es progreso cuando se desborda) y se hagan foros y congresos abundantes en formulaciones y diapositivas, en usos prospectivos de la informática y el ser modernos, las palabras indican que nos estamos hundiendo. El abuso de los recursos naturales, la planeación afincada en la codicia, la innovación que no calcula efectos marginales (muchos de ellos nocivos), las políticas indebidas sobre el uso de las aguas y los campos, el urbanismo enloquecido que confunde los espacios para el ciudadano con ciudadanos amontonados en edificios, etc., ya nos ponen a la defensiva, pues todo lo que significa vida está yéndose al traste: se desforesta matando el papel del árbol (donde hay árboles, hay agua y suelo que se nutre), se usa el agua como si esta fuera simplemente un chorro, se contamina sin miedo y se persigue todo lo que es denuncia. A este paso, el tan sonado progreso será el apocalipsis.

La experiencia que vivimos con los daños que se hacen en el agua, el aire y la superficie de la tierra (el fuego es el único que no se afecta porque él mismo es un destructor), nos está quitando la posibilidad de futuro. Nuestro hábitat, construido con la destrucción de otros hábitats, ya está tocando las campanas a rebato (con urgencia), señalando daños imposibles o muy difíciles de arreglar: el crecimiento desmesurado de las ciudades, las malas políticas sobre los sectores de la economía, la inteligencia convertida en obsesiones, en fin, ahí vamos contra las paredes.

Acotación: La tierra es el único espacio que tenemos (ya se sabe que en Marte tampoco se puede vivir) y en ella estamos: bacterias, plantas animales y hombres fuimos producidos por la Tierra. Pero... Los incas tendrán razón: la tierra era la mamá 

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