Estación Conspiración, en la que lo escondido se mueve por muros, cerchas, rieles, muelles, máquinas de tiquetes y gente con bufandas que van hacia adelante y atrás, según la situación, dando pasos sobre la línea amarilla mientras se acomodan los gabanes, las gafas oscuras y los periódicos con los que se esconden la cara; que sonríen con un complicado sistema de alambres que les estiran y encogen los labios y hablan, escondiendo lo que quieren decir, con otras palabras. Y en ese ambiente enrarecido, en el que deberían abundar los avisos de cuidado, prohibido estacionar, monte a tiempo, mantenga el morral contra el pecho etc., lo que más hay son ojos que vigilan, digestiones que se hacen mal, envidias, deseos reprimidos, rabias contenidas y planes...