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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 20 de noviembre de 2021

Sobre la naturaleza aporreada

Estación Desborde, a la que llegan inundados y personas que lo pierden todo o parte debido a construcciones defectuosas, gente con la tierra desertizada a consecuencia de malas prácticas, aportantes a programas de economía basada en la deforestación, firmas de contratos que aseguran el progreso acabando con lo esencial, intervenciones en páramos que se deslíen, tierras agotadas por los agroquímicos y los cultivos extensivos, países que parasitizan a otros con furia (los del primer mundo), sistemas corruptos de gobierno, ejecutivos enfermos por los índices de gestión y utilidades, enviados a congresos ecológicos que ejercen el turismo consumista y mienten de manera consumada, en fin, toda una caterva de dañinos y dañados que no siguen normas ni historiales, destruyen los principios éticos y creen que la Tierra es un dispensario inagotable. Y, bueno, los que llegan a la estación Desborde son los que han creado y crecen el problema.

La ciencia se ha definido como el cuidado de las cosas (lo que pone límites de uso), pues la Tierra es lo único que tenemos y nos da la vida (hacemos parte de la biósfera). De ella tomamos los ejemplos (la naturaleza es un libro inagotable para aprendizajes sin error), los más sabios aprenden los comportamientos y las relaciones debidas y los educados (que cada vez son más pocos) saben lo que se debe hacer: para ello la historia ha hecho un inventario no solo de los hechos, sino del estado del planeta. Y entre este inventario no solo están los daños que hemos causado a punta de extracciones y tala de árboles, afectación de aguas y de aires, sino también los elementos sobre los que debemos estar atentos, como plantas nucleares y depósitos radioactivos, como bien explica Michio Kaku en “La física del futuro”, en el apartado en el que habla del futuro de la energía.

La naturaleza no es culpable de nada y si responde desbordada es por los ataques que sufre. Las inundaciones, por ejemplo, se deben a cursos de agua alterados y basuras amontonadas, edificaciones que no respetan las líneas de crecidas y desobediencia de normas. Lo mismo pasa con la aridez de los suelos (deforestación y cursos de agua agotados) y el cambio climático debido a la producción de gases y la densidad de edificios en altura, grandes consumidores de agua, energía y, a la par, productores permanentes de basura. La naturaleza sigue reglas, pero si estas se alteran, ella se afecta y responde. Así, quien ha perdido su naturaleza e inteligencia es el hombre, el único animal que destruye su hábitat.

Acotación: Construir una ciudad no es llenarla. Una ciudad es una planeación de órdenes básicos: los que aseguran que haya vida plena de clase media (educación productiva, empleo, salud) y los que permiten construirla sin dañar los componentes de la naturaleza. Una ciudad es una convivencia entre seres inteligentes, no más 

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