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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 07 de agosto de 2021

Sobre próximas ciudades (y 14)

Estación Región, a la que llegan ciudadanos inteligentes y ecólogos serios y no diletantes, gente que entiende a fondo de desarrollo y crecimiento, y personas que saben que una ciudad no es un centro que deglute, sino un territorio que irradia posibilidades de modernidad conjunta. Y llegan también allí urbanistas sin vicios parisinos o barcelonistas, ingenieros civiles que cumplen normas manteniendo el 5 % de margen de error y las distancias precisas para que las edificaciones no floten, empresarios con criterio de nuevas industrias y administradores de producción, logística en trasportes y capacitación continua de operarios. Así, en la estación Región están los que tienen el territorio en la cabeza (dominan las ventajas comparativas), los expertos en tecnologías apropiadas y los que saben que la ciudad no es un corpus totalizante, sino algo que se abre como los dedos de una mano, haciendo que cada extremo funcione y se colabore logrando un objetivo común.

Es claro que las ciudades no pueden seguir creciendo ni rodeándose de poblaciones que no mejoran, que son las que más aportan emigración hacia la Ciudad Centro, que, debido a la sobrepoblación y a las condiciones precarias de vivienda, se deforma y no permite una gobernabilidad eficiente. Por esto existe la Ciudad Región, la que pacta con la periferia para hacer una sola ciudad. Y, en ese pacto, lleva a las poblaciones circundantes las condiciones de la ciudad central y en lugar de atomizar, crea una molécula poderosa que respeta los espacios rurales haciéndolos productivos y que fomenta los polos de desarrollo de cada entidad que se une, creando en ellas un centro de investigación sobre los recursos propios, una universidad experta en la enseñanza profesional acorde al polo que se piensa desarrollar, un instituto técnico que provea de operarios adecuados, unas empresas que transformen los recursos y unos programas de mercadeo que cubran la molécula y después el país y el exterior. Es la mano abierta, que funciona con cada uno de sus dedos.

Supongamos que Medellín se une con Santa Rosa de Osos, por ejemplo. Allí el recurso son las vacas y la leche. Bueno, se haría un centro de investigación sobre lácteos y ganado vacuno, una universidad sobre las profesiones o especializaciones que tienen que ver con esto, un instituto técnico para enseñar sobre el mantenimiento y el uso de herramientas adecuadas, empresas lácteas —que ya las hay— y un centro de mercadeo. Así, se podría agrandar Santa Rosa con gente de clase media, aprovechando también el espacio rural para tener independencia alimentaria. La Ciudad Región es la inteligencia urbana y ciudadana.

Acotación: el desarrollo de una ciudad moderna ya no está en ella misma, sino en la molécula que cree. Y no es una entidad que se desmesura creciendo, sino un territorio que se desarrolla con varios centros poblacionales que progresan según sus ventajas. Es un Ubuntu, eso

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