Estación Inferioridad, situada no sé si en el tártaro de los griegos, en la gehena de los judíos o en la isla de Ceilán, donde el diablo trató de seducir a las malas a la hermosa Cita (no está claro si lo logró) hasta que Rama, con la ayuda de Hánuman, el rey de los micos, la saca de ese infierno que es el deseo que no se satisface y que nace de querer y no poder, de darse aires enrarecidos y de andar por ahí burlando la realidad y desprestigiando a otros usando todo tipo de cocciones, igual que el furioso y envidioso enano Alberich de los Nibelungos, despreciado por las ninfas del Rin, más dadas a Sigfrido que sabía acariciar. Y en esta estación Inferioridad, tan llena de complejos (anexos con asuntos no entendidos), las cosas se revuelven,...