Estación Twitter-político, en la que los trinos no son de aves canoras (como diría el poeta) ni apuntes de tiple (o acordes, como se quiera), sino voces o gritos que se acaloran al punto que son casi fiebre amarilla, ideas que no se concluyen, emociones que van y vienen como si saltaran sobre aceite hirviendo, palabras de verduleras estafadas, grafitis mal hechos, boletas de panfletos a medias, acusaciones sin fundamento, mentiras mal contadas, rabias contenidas en frascos rotos, palabras de mujeres del oficio a las que les hicieron conejo, y en fin, que la política de estas tierras, las del norte y las del sur, ha hecho del Twitter un desahogo, una catarsis, una segregación permanente de adrenalina y una exhibición constante de mal gusto e...