<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
x
language COL arrow_drop_down

Sobre-vivir

Escribo para escucharme porque el papel es la única forma de organizar mis pensamientos. Escribo para sobrevivir y ahora tengo la fortuna de vivir de eso.

15 de febrero de 2024
bookmark
  • Sobre-vivir

Por Sofía Gil Sánchez - @ladelascolumnas

Hoy se cumple un año desde que los miércoles se convirtieron en mi día sagrado de escritura y los viernes sinónimo de emoción por ver mis palabras impresas. Imaginé que celebraría mi primer aniversario como columnista publicando una investigación, analizando la ironía de que un exalcalde se atribuya facultades de juez cuando la Procuraduría ha abierto múltiples indagaciones en su contra o rechazando características propias del gobierno nacional como el desconocimiento de la separación de poderes. Sin embargo, una situación personal me impulsó a ahondar en una temática más profunda e incluso más importante para mí: por qué escribo.

Sería imprudente definir a los escritores a partir de mis propias debilidades, pero mi afán por escribir, en gran medida, nace de mi torpeza al hablar, de descubrir que mis manos son más hábiles que mi lengua. Escribir no sólo me permite planear y ahorrar vergüenzas, sino que cierra heridas. Escribo para escucharme porque el papel es la única forma de organizar mis pensamientos. Escribo para sobrevivir y ahora tengo la fortuna de vivir de eso.

No es gratuito que los mejores textos nazcan de la impotencia, son las palabras precisamente los cimientos que nos permiten construir una existencia, una diferente. Cuando uno escribe todo es posible: explorar mundos desconocidos –externos e internos–, viajar a lugares que nunca hemos visitado, convertirnos en personas que nunca seremos, experimentar emociones que nunca hemos sentido y construir ciudad.

Escribimos para desafiar, para cambiar, para mover. Las palabras tienen el poder no solo de reflejar el mundo, sino de moldearlo, de influir en él. Son el inicio de toda transformación. Con ellas, los líderes inspiran, los maestros educan, los ciudadanos reclaman y los escritores soñamos. Transforman lo que sentimos, enamoran o destruyen, sanan o causan dolor, crean o finalizan una guerra.

La escritura es una rebelión contra la impermanencia y las palabras la forma más pura y profunda de conexión humana. La herramienta para expresar los más profundos anhelos, los mayores temores, los logros más elevados y los interrogantes más complejos. Es bastante insensato subestimar su poder, después de todo las grandes acciones no evitan que una persona salte al abismo, las palabras correctas sí.

Hoy, entonces, celebro este aniversario como columnista reflexionando sobre mi propio ejercicio de escritura, que en mi caso es inevitable. Escribo para luchar contra el olvido. Escribo porque lo necesito. Escribo para llenar los espacios en blanco – de las hojas y de mi vida—. Y agradezco. Le agradezco a la vida por permitirme escribir para vivir, porque yo ya vivía para escribir. Y les agradezco a mis lectores por acompañar este actuar solitario al que ustedes le dan sentido.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD