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Rafael Nieto Loaiza
Columnista

Rafael Nieto Loaiza

Publicado el 28 de febrero de 2022

Solo hay motivo para el pesar y la pena

En apretada decisión, la Constitucional permitió el aborto libre y sin restricciones hasta la semana veinticuatro.

No tenía competencia para decidir. Ya había decidido de fondo sobre el tema, es decir, había cosa juzgada. La mayoría de la Corte sostiene que no porque “existen documentos internacionales que han propugnado por la despenalización del aborto más allá de las tres causales de la sentencia del 2006”. No solo no es cierto, sino que demuestra, una vez más, la ignorancia profunda de la Corte en materia de derecho internacional. Ni uno solo de los “documentos” que listan como sustento tiene el carácter de norma jurídica, son apenas opiniones. Además, en el 2006 la Corte ya había abordado todos y cada uno de los aspectos que ahora decide en sentido distinto.

La Corte tampoco tenía competencia porque es al Congreso, corazón del sistema democrático, a quien corresponde definir si penaliza o no el aborto. La Corte ha ido usurpando permanente y sistemáticamente funciones de las otras ramas y, en particular, del Congreso. La dictadura de los jueces.

Dirán que el fallo defiende derechos fundamentales de las mujeres. También falso. El aborto se penalizaba para proteger la vida, no porque quien aborte fuera mujer. También se penalizaba a los hombres que lo practicaban. No suponía discriminación de género. Después, por supuesto que debe protegerse la facultad de las personas, hombres y mujeres, de tomar decisiones libres sobre su sexualidad y su reproducción. Ocurre que, sin embargo, salvo excepciones como la violación, el embarazo es resultado de optar libremente por tener relaciones sexuales. Si no quieren embarazos, se pueden tomar medidas anticonceptivas. Ahora, después del acto sexual libre y consentido, los participantes deben ser responsables de sus consecuencias. Lo que es inaceptable e inmoral es el uso del aborto como mecanismo de contraconcepción.

La criatura que se aborta no es parte del cuerpo de la mujer, sino un ser humano distinto. Para la Corte, el que está por nacer no tiene derecho alguno hasta la semana veinticuatro. Para ese momento, tiene maduros sus sentidos y mide entre veinte y veinticuatro centímetros. Para matarlo, los abortistas tienen que desmembrarlo, romper su cráneo y triturarlo, con enorme sufrimiento para el bebé. Una verdadera tortura.

La Corte usurpa las funciones del Congreso y erosiona la democracia. Vulnera el derecho a la vida de los más inocentes e indefensos de todos los seres humanos, los que están por nacer, y legitima su asesinato. El aborto es una tragedia con dos víctimas: una a la que mata y otra que sobrevive. No hay motivo para celebrar. Solo para el pesar y la pena.

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