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Julián Posada
Columnista

Julián Posada

Publicado el 26 de septiembre de 2020

Tiempo

“Paren gonorreas” gritó la autoridad, si es que así puede llamarse a quien se refiere al otro en esos términos desde la condición que le otorga su uniforme y un arma, “cómo así que paren gonorrea, ¿ustedes quiénes son?” “Cuando el militar llega y saca el fusil y pega como tres tiros, entonces el amigo se agachó, cuando ya le pegó tiros a la llanta y le pegó a la muchacha que iba adelante mío. Veníamos cuatro ocupantes en el carro”, indicó el testigo, “cuando vio que no estábamos en nada, ahí sí dijo (el militar) ‘la cagué, la cagué’ y ya para qué”. Seguramente ese militar carga tanto o más temor y estrés que cualquiera de nosotros, sus horrores y sus dudas son miles, también sus sueños, pero nada lo habilita ni justifica esa manera de ejercer el poder, Juliana era la felicidad de Francisco, ella era una vida en proceso y mil sueños por cumplir, ¿había que violentar su humanidad de esa manera?

Duele, duele un montón pero leímos en esa hermosa historia que es El principito que cuando pase y sane íbamos a volar, brillar y soñar más alto, pero al parecer no será nuestra generación la que logrará ver ese sueño de convertirnos en el país inclusivo que anhelaba la Constitución de 1991 a pesar de tantos esfuerzos, pues para los que tienen el poder parece que somos objetivos que hay que “ningunear”, porque aquí la diversidad y la diferencia de ideas, pensamientos, acciones o género estorban, se trata de sobrevivir al enemigo que agazapado o de frente procura derribarte sin que medie palabra o confrontación, pero peor aún hay que enfrentarse a las fuerzas de este Estado que en vez de proteger te convierte en enemigo, y lo que se empeñan en mostrarnos como errores o casos aislados parece ser, para mala fortuna de todos, un modelo torpemente repetitivo de unas fuerzas del orden (?) que reclaman cambios en su formación.

También masacran la arrogancia y la obstinada incapacidad de reconocer los errores, basta ya de tratar de degradar, estigmatizar y convertir a las víctimas en eternas culpables, esa costumbre también hace que amenacen en las redes a quienes han colgado en sus cuentas registros y videos grabados con el arma/celular que evidencian los desmanes policiales. Desde el cristal de cualquiera de las pantallas a las que nos enfrentamos tantas horas diarias saltan los insultos y las bombas incendiarias que hacen de la virtualidad otro campo de batalla, no hay terreno seguro, no hay territorio amable, solo hay una profunda necesidad de confianza y de verdad que cada uno interpreta según convenga.

Este hoy resulta sórdido y desesperanzador pero tendremos el poder de cambiarlo una vez más, tenemos un derecho que se ejerce cada cuatro años que también es un deber, decía Patti Smith en una vieja canción que “la gente tiene el poder para redimir la obra de los necios ... el poder de soñar, de gobernar/ de arrancar el mundo a los idiotas ...creo en todo lo que soñemos / podemos darle vuelta al mundo / podemos poner en marcha la revolución de la tierra.” Siempre estaremos a tiempo.

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