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Tribunas de desconfianza

Resulta incoherente que, tras invertir la mayoría de recursos destinados para el cumplimiento de la política, la solución ante los hechos de violencia sea que en las tribunas se refleje el color de un solo equipo.

08 de septiembre de 2023
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Por Sofía Gil Sánchez - @sofiagilsanchez

Medellín vivió una época en que los partidos eran la guerra y el estadio su campo de batalla. Días oscuros donde los cantos de las barras camuflaban gritos de personas heridas, se rechazaba a los hinchas por ser violentos, un color determinaba si eras rival y pasar por ciertas calles representaba un peligro.

La visión del fútbol como escenario de encuentro social, los hinchas como una oportunidad y el estadio como plataforma para iniciativas culturales permitió que, desde el año 2016, los clásicos entre Medellín y Nacional se jugaran con la presencia de las dos hinchadas en las tribunas. Luego de superar múltiples retos, el clásico se tiñe nuevamente de desconfianza y el partido se jugará solo con una hinchada.

La Administración Distrital justifica la derrota de sus mecanismos para proteger a las personas con la problemática de seguridad y convivencia en la ciudad. Sin embargo, la exclusión es el máximo símbolo de la desconfianza, la certeza por parte de quienes nos dirigen que no tenemos la capacidad de olvidarnos de nuestras raíces violentas ni por 90 minutos, un viaje en el tiempo a la Medellín de nuestras pesadillas, el recordatorio de una tragedia donde nada puede cambiar y la condena al temor que el otro individuo no celebrará los goles de su equipo, sino que nos hará daño.

Parece que Daniel Quintero le está “echando pinturita” a los indicadores pues, a junio de 2023, la implementación de la Política Pública de la Cultura del Fútbol mostraba un avance del cuatrienio de 75%. En este caso, se repite una frase bastante utilizada en estos tres años y medio de alcaldía: las cuentas no cuadran. Resulta incoherente que, tras invertir la mayoría de recursos destinados para el cumplimiento de la política, la solución ante los hechos de violencia sea que en las tribunas se refleje el color de un solo equipo. El gabinete no ha respondido nunca una pregunta, pero el aumento del patrimonio de los familiares del alcalde, las ostentosas campañas políticas de sus candidatos y la falta de cumplimiento de los indicadores consignados en su plan de desarrollo nos dan pistas de dónde está el dinero.

Hoy, más que nunca, es el momento de volver a creer en Medellín, en los sueños de su gente, en la cultura ciudadana, en la reconstrucción de la confianza y en un gobernante que no nos obligue a mirar al vecino diferente. Que la desilusión de ver el clásico por televisión se refleje en el apoyo a un líder que comprenda que la sociedad se refleja en las tribunas.

La “Medellín Futuro” nos obligó a retroceder más de diez años en materia social, permitiendo que el cinismo se convirtiera en un deporte superior al fútbol, que el desarrollo se transformara en corrupción y que la única herramienta generadora de confianza sea la división. En la cancha de nuestra ciudad, la fiesta del fútbol ya no es de todos, las familias, los grupos de amigos, las parejas y los compañeros de tribuna tendrán que verse a la salida porque en el estadio no pudieron. Juntos recordarán que clásico era que nos gobernaran mejor, el verdadero clásico era la confianza que se perdió con Daniel Quintero.

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