La reciente masacre en Tumaco es un hecho de absoluta gravedad. Como lo revela un informe de la Defensoría del Pueblo, seis campesinos que protestaban por la erradicación forzada de coca murieron a manos de oficiales de la policía antinarcóticos.
Los campesinos venían pidiendo la intervención del gobierno para resolver conflictos locales que han afectado la implementación adecuada del Programa Nacional de Sustitución de Cultivos. Las balas, los muertos y los heridos fueron la respuesta del Estado.
El hecho, además de ser muy lamentable por los campesinos asesinados y heridos, y por el tentativo de la Policía Nacional de alterar la escena del delito, es también una señal de la cultura institucional de la cual está impregnada la fuerza pública;...