En memoria de Anthony Bourdain.
De niña pensaba que el cielo era un lugar común, creado por otra persona. Yo estaba segura que en algún lugar del infinito te esperaban después de la muerte y que ese lugar era así para todo el mundo. También pensaba en el infierno con esa típica imagen, un mundo de fuego, terrible, al que iban a parar los hombres malos. Esa idea de la justicia divina, más allá de la vida, de la seguridad de una vida en un lugar placentero y perfecto me dio terror y consuelo durante los primeros años de mi vida. La amenaza y el premio constante, así fue mi educación religiosa y así se fue forjando mi espiritualidad.
Con algunos años encima he llegado a ver las cosas de forma totalmente distinta. Aunque tengo que confesar que aún...