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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 17 de noviembre de 2020

Un divorcio ruidoso

Aún cuando ocurrió hace solo dos semanas, la anécdota se convirtió rápidamente en un clásico de las relaciones entre medios de comunicación y política. Una radiografía de la nociva convivencia entre periodismo y poder y lo mal que pueden terminar estos matrimonios tóxicos.

Fue la noche electoral del martes 3 de noviembre en Estados Unidos. Al cierre de la votación, los primeros resultados llegaban en cascada. El conteo preliminar teñía el mapa rápidamente de rojo republicano y en la Casa Blanca el ánimo iba en ascenso. Preveían un nuevo triunfo sorpresivo, similar al de 2016, en contravía de las encuestas y los análisis. Texas era firme para el mandatario y la deseada Florida también. Los números eran favorables.

Pero entonces sucedió. La cadena conservadora Fox News, aliada incansable de Donald Trump, pronosticó que Arizona y sus 11 votos electorales eran territorio Biden. Ningún medio, ni estadounidense ni extranjero, se atrevió a hacer el anuncio. El estado, que fue fortín conservador por más de dos décadas y media, cambiaba de bando y ponía al demócrata en un camino cómodo hacia la presidencia. Trump y su séquito explotaron por el fuego amigo. Sintieron que era una puñalada por la espalda del periodismo aliado.

Asesores y secretarios y familiares llamaron a la cadena para quejarse. Pidieron reversar la noticia. Incluso el celular de Rupert Murdoch, multimillonario presidente del canal empezó a sonar mientras se represaban los lamentos. Fox News se mantuvo firme y explicó por qué, según sus estadísticas, había tomado la decisión. Comenzó la debacle.

Donald Trump no perdió las elecciones por Arizona. El número de votos electorales que sumó Biden fue holgado gracias a Pensilvania y a Wisconsin y a Michigan y a Georgia. Pero en la paranoica mente del presidente en retirada, lo que ocurrió esa noche con Fox News fue la piedra inicial de su derrumbe. No lo perdonará jamás. La cadena ya no es su aliada, es su enemiga y así lo ha hecho saber en twitter, donde la ataca ferozmente.

Que el periodismo servicial del poder intentara ajustar su brújula ética, llevó al divorcio ruidoso. Ahora el presidente saliente -que lo mide todo en audiencias y espectáculo- prepara lo que considera su venganza mayor. Con su vida política en pausa, el siguiente camino será, seguramente, un canal propio de televisión. Así que tomemos aire. Se viene Trump T.V..

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