“La guerra es la salud del Estado”, escribió el crítico social Randolph Bourne en un ensayo clásico cuando Estados Unidos entraba a la I Guerra Mundial: “Automáticamente, eso pone en marcha a lo largo de la sociedad a esas irresistibles fuerzas por la uniformidad, por la cooperación apasionada con el Gobierno para imponer obediencia a los grupos e individuos minoritarios que carecen del sentido del rebaño mayor. Otros valores tales como la creación artística, el conocimiento, la razón, la belleza, el mejoramiento de la vida, son sacrificados al instante y casi de manera unánime, y las significativas clases que se han constituido en los agentes novatos del Estado participan no solo en sacrificar estos valores por sí mismos, sino en obligar a...