Los noticieros de televisión mostraban detalles de la contratación infantil y del maltrato a los trabajadores. En las entrevistas se quejaban de sus bajos ingresos, de acoso sexual, excesiva exposición a químicos tóxicos y abuso físico y verbal. De allí a las protestas en las calles y la caída en bolsa de las acciones de la compañía fue cuestión de días. Si hubieran existido las redes sociales en esos días, el daño a la marca habría sido mucho mayor. Empezaban los años 90.
El New York Times le preguntó a Mike Jordan, como anunciante de la reconocida marca, su opinión sobre la gravedad de los hechos. Más le hubiera valido callar. Su respuesta: “Creo que la compañía hace todo lo que debe hacer, pero no tengo detalles. ¿Por qué los debería conocer?”....