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Raúl E. Tamayo Gaviria
Columnista

Raúl E. Tamayo Gaviria

Publicado el 15 de enero de 2022

“Un perodista en apuros”

Hace dos años, por esta época, principio de año, se me ocurrió hacer un acopio de ñapas que habían sido publicadas al final de mis columnas durante el año anterior, para tener a mis lectores informados del resumen de mis opiniones.

Pues no faltó una auditoría interna entre mis amigos columnistas que me objetara esa publicación de ñapas; según esa auditoría, las ñapas ya habían sido pagadas por EL COLOMBIANO y volver a publicarlas era un doble pago.

La misma columnista que me criticó la publicación de mis ñapas ha copiado columnas enteras de otros autores o columnistas, solo con una presentación de apoyo o comentario, y, sin embargo, cobra la columna como suya.

Este preámbulo es para justificar una cita a un amigo a quien admiro, y de quien aprendí mucho en mi recorrido político, que ha escrito varios libros y fue alcalde de mi pueblo, Sopetrán: Óscar Marín García.

Cuenta Óscar en su libro Cien perlas para la sabiduría y la felicidad —que en realidad es una recopilación de artículos de otros autores—, en un capítulo que se titula “La Guillotina”, que en un país, y por algún motivo grave, condenaron a tres reos a morir decapitados bajo la guillotina.

Al primer reo le preguntaron sus verdugos si quería morir cabeza abajo o mirando al cielo, colocándolo de espaldas, y este aceptó mirar hacia arriba. Cuando la guillotina estaba llegando al cuello del reo, se detuvo, sin cumplir su cometido. Los verdugos y jueces consideraron que era una decisión divina y le perdonaron la vida.

Al llegar el siguiente condenado, la guillotina también se detuvo al llegar a pocos centímetros del cuello del sentenciado, por lo que tanto jueces como verdugos suspendieron la sentencia: creyeron que era también una misteriosa decisión celestial y que, tal vez, era una injusticia que se estaba cometiendo con ese sentenciado y se le perdonó la vida.

Al llegar el tercer reo, resultó ser un ingeniero mecánico y también pidió ser ejecutado mirando hacia el cielo. Cuando la guillotina venía bajando a toda velocidad en su fatal destino, se detuvo en el mismo punto donde se había detenido en las dos anteriores ejecuciones.

Como el reo estaba mirando el recorrido de la cuchilla en su descenso y sus conocimientos de ingeniero mecánico le permitieron ver la causa del daño de la mortal guillotina, dijo con toda sinceridad:

—Ya sé por qué no baja la guillotina.

Con las instrucciones del ingeniero condenado a muerte, arreglaron la guillotina, que separó la cabeza del cuerpo del reo, acabando con su vida. Por eso dicen algunos que hay cosas que no deben decirse, porque lo que decimos nosotros otros lo utilizan en contra de nosotros mismos.

Ñapa: Entre tantas injusticias que vemos hoy en nuestro país, donde los asesinos exguerrilleros de las Farc, secuestradores, genocidas y violadores de menores, llegan a las curules del Congreso, atacan al gobierno legítimo y norecompensan a sus víctimas; hoy se persigue con circular roja al alto comisionado Luis Carlos Restrepo, que fue apóstol del proceso 

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