No es un salvador, ni un mesías, no va a arreglar todos tus problemas, ni siquiera va a arreglar el país. Al menos solo, no va a arreglar el país. Es un líder, un gerente, un servidor. Un presidente en democracia tiene funciones muy claras, delimitadas por la constitución y las leyes. Encabeza una institución y representa, ejecuta programas, organiza, administra, propone, estudia, pero no hace magia ni tiene que ver con la religión. Como ciudadano no hay que quererlo ni tiene que caer bien, pero sí es necesario que se le admire por lo que ha hecho mucho más que por lo que dice. Que se le respete por su carrera, su trayectoria, no que se le tenga fe, ni siquiera creer en él, porque no se trata de evaluar a ciegas, ni entregarse a promesas, sino...