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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 25 de enero de 2021

UN PULCRO APORTE AL SABER

La cultura es un concepto variado y dinámico que ha sido objeto de múltiples definiciones y debates, sobre todo a partir del siglo XVIII, aunque ya Marco Tulio Cicerón y con él los escritores romanos lo usaron para referirse al laboreo del alma (para aquél la filosofía cultiva el espíritu, pero en sentido agrícola, o sea que la rotura, la siembra y la hace dar fruto); como es obvio, sin entrar en una discusión propia de los científicos sociales, el léxico entiende esta noción en dos sentidos: como el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”; o el agregado “de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”. Es más, en su sentido más amplio esa idea puede considerarse –actualmente– como el acopio “de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social” y “ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” (Unesco, Declaración de México sobre las Políticas Culturales, 1982).

Por eso, cuando gracias a la generosidad del Doctor Mario Velásquez Sierra –con quien tuve el honor de compartir espacios académicos cuando él fue el Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana, y yo uno de sus profesores–, llegó a mis manos un ejemplar de la segunda edición del “Vocabulario Paisa” acabada de aparecer (y cuya existencia ignoraba), solo pude sentir gran alegría y regocijo. Y ello, no solo porque durante muchos años él ha cumplido con la muy difícil tarea de recoger aquellas expresiones propias del glosario antioqueño, las mismas que tanto escuchábamos en los labios de nuestros padres y abuelos sino porque, al momento de precisar el alcance de todos los vocablos, el autor –de manera agradable, sencilla y muy plástica– emplea frases, dichos y proverbios atinados. Es más, para los amantes de la paremiología (el tratado de los dichos y los refranes) encontrar más de treinta páginas dedicadas, especialmente, al asunto es otro obsequio de esos que llegan al alma.

En ese contexto, escribir y publicar un libro destinado a estas materias es una clara manifestación cultural entendida esta noción como una expresión resultante de la creatividad de las personas, los grupos y las sociedades, que poseen un contenido cultural (Art. 4.3, Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, París, 2005). Este texto primoroso, pues, editado de forma entrañable por Manuela Hernández Velásquez –nieta del estudioso– y Todográficas Ltda., en un formato exquisito que invita a degustar su contenido, constituye un claro llamado a todos para que reflexionemos sobre nosotros, nuestros orígenes y ancestros; porque, dice el organismo citado más arriba, a través de la cultura “el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”.

Esta obra es, pues, un estupendo regalo que un gran ser humano como lo es el Dr. Velásquez Sierra –quien, a propósito, este jueves arribó a sus ochenta cinco años de vida– le hace al pueblo antioqueño y a la cultura nacional; un gran legado para las nuevas generaciones que enaltece e invita a seguir adelante sin dejar derrumbar las esperanzas y las ilusiones así –en momentos en los cuales la pandemia se ensaña para sembrar la muerte y el dolor por doquier–, a veces, sea necesario decir con Calderón de la Barca –ver el monólogo de Segismundo, final del segundo acto, en la “La Vida es Sueño”–: “¿Qué es la vida? Una ficción, una sombra, una ilusión, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”

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