Vota, que algo queda. Dos regímenes totalitarios han demostrado estos últimos días esta máxima, variante del «calumnia, que algo queda», elevada a la máxima potencia. Bien es cierto que uno de ellos, la Venezuela chavista, lleva años perfeccionando la «democracia de partido predominante» que inventó el PRI mexicano, y se podría decir, sin temor a equivocarnos, que ha logrado tal grado de excelencia que no hay ningún otro país en el mundo con una tiranía tan diabólicamente perfecta, bajo su apariencia de democracia deformada. Tanto es así, que en Cataluña los «nazionalistas» pretenden instaurar un sistema similar pero aún más maligno, en el que los perseguidos, vilipendiados y maltratados sean quienes paguen todo. En dos palabras: cornudos y...