América Latina es una herida abierta. El que nace, crece, vive y recorre, realmente recorre un país de América Latina, no sólo por sus calles, sino por su pasado y su coyuntura actual sabe que este es un continente que se padece. Latinoamérica tan cerca que pareciera estar del cielo, pero tan sumida en sus infiernos particulares. La alegría de vivir, la fe incondicional, la esperanza eterna en salvadores terrenales o divinos, se mezcla con la convicción que otra realidad es imposible. La violencia, la corrupción, lo más oscuro del ser humano, la antropofagia disimulada de la vida que se basa en caminar por encima de los cadáveres, de la existencia mutilada de otros hombres, parece ser la única narrativa de la que nos creemos capaces.
No engañamos...