Aunque durante el resto del año se gana la vida trabajando en lo que le resulte, en noviembre, siguiendo una vieja tradición de su pueblo, Hugo Hernán Montoya se convierte en el animero de Puerto Berrío, el principal puerto de Antioquia sobre el río Magdalena.
Su oficio consiste en ir al cementerio a la medianoche, recorrerlo, y recoger las almas del purgatorio diciéndoles: “De este pio campo santo las saco y a este mismo pio campo santo vuelvo y las traigo”. Luego, lanzar el conjuro: “Ánimas Benditas, ¡síganme todas!”... y después recorrer con ellas las calles del pueblo, rezando el rosario, acompañado por los devotos. Dos horas más tarde, devolverlas a sus tumbas.
Para ejercer su oficio, va revestido con una capa negra grabada con una calavera....