Una y otra vez, desde el año 2011 en Colombia se está advirtiendo del aumento de la tasa de deforestación y nada que la podemos controlar. La noticia ya no debe ser el repetido y crítico ascenso cada tres meses de la misma tendencia, sino el descenso o punto de inflexión en que la flecha mire por fin hacia abajo; especialmente en los territorios más ricos en biodiversidad, como un compromiso estatal nacional e internacional eficiente y real. Esta vez a las consencuencias, aparte de las locales ya conocidas, como la pérdida del agua y del patrimonio natural o la productividad social, se les suma la pérdida de confianza de la cooperación internacional, a través de sus programas de desarrollo rural sostenibles, especialmente de la Unión Europea....