Se llama María, a secas. Y se apellida López. Hasta hace unos días, lo admito con mucha vergüenza, era una desconocida más para mí, a pesar de que dos veces por semana, muy sí señora, se pasea por mi acera, escoba en mano, y la deja tan limpia como si me fuera a visitar Francisco, Federico, la reina de Inglaterra, o qué sé yo.
Medellín es una de las ciudades más limpias del país, aunque a veces algún montículo de basura mal ubicado nos haga pensar lo contrario. Sin embargo, los ciudadanos pocas veces nos percatamos de esto y mucho menos de que hay personas, como María, tesas y pujantes, que realizan esta labor desagradecida hasta más no poder.
El de los escobitas es un trabajo que transforma, aunque para la inmensa mayoría sea invisible. Hace...