Para quienes creen en el liderazgo político y las tesis de Álvaro Uribe, las controversias y el debate de los que piensan diferente se convirtieron en actos sacrílegos, sin importar que él ya no esté al frente del Gobierno. Es una especie de inmovilidad retratada, por ejemplo, en que insistan en llamarle presidente, aunque ya sea expresidente y senador de la República.
El uribismo por momentos deja de ser un movimiento político para convertirse en religión. En verdad revelada. Y ayyy de aquellos que osan oponerse a la palabra del jerarca supremo. Su verbo, su grandilocuencia es adictiva y de ella aceptan desprenderse sus fieles solo cuando el destino los convierta en saco de huesos. Es un matrimonio ferviente: hasta que la muerte los separe....