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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado el 03 de noviembre de 2022

Vallejolatría

En la revista del Instituto Colombiano de Educación de 1956 el niño Fernando Vallejo, hijo de Aníbal y Lía, luce cara de haberse confesado y comulgado para la foto.

El estudiante de tercero elemental tiene cerca al fundador don Nicolás Gaviria quien se habría ido de bruces - como casi me voy yo - si hubiera sospechado que su pupilo escribiría autobiografías como La Puta de Babilonia, El Desbarrancadero, Escombros. Don Nicolás se habría tragado el cigarrillo Pielroja con pipa y todo. Yo también.

En la foto mencionada, el niño Fernando, biógrafo de Barba Jacob, Silva, san Rufino José Cuervo, tiene la misma cara de muchacho tierno que luce a los ochenta años cuando saca a pasear a su mascota, Brusca, su otro yo. Con sus manos de pianista que toca tan bien las teclas negras como las blancas, le prepara pollo y arroz y le recoge la caquita.

A mi Diosito se le fue la mano en gallina con Vallejo quien brilla así sea corriendo un catre o amarrándose los cordones.

Al hombre no le preocupa repetirse en sus libros, siempre los mismos, siempre distintos. Me recuerda al Woody Allen del período neoyorkino.

El gran prosista de la lengua española como lo llama su editora, Pilar Reyes, feliz con su gallinita de los huevos de oro, está “tuquio” de lectores y de premios por su insólita forma de querer a Colombia a madrazo ventiao. Porque te quiero te aporrio. No tiene más galardones por su incorrección política y religiosa.

A raíz de su reciente cumpleaños se desató una especie de “vallejolatría”. Todos se lo encuentran. Un amigo me guasapeó: “El sábado vi a Vallejo paseando un perro por la Avenida Nutibara, con una mano metida dentro de una bolsa plástica negra. Parecía arrastrar los pies, por aquello de que los años no vienen solos”.

Y una abuela septuagenaria que lo idolatra y lo sigue hasta el Café Vallejo: “No te voy a chicanear con que he charlado largo y tendido con él, pero sí hemos cruzado dos o tres palabras. Pone cara de asombro cuando le digo que conozco su obra y le recito párrafos de La Puta de Babilonia, El Cuervo blanco, Los días azules, la biografía de Barba Jacob. Creo que se queda meditando cómo una vieja que parece haber dejado el arrocito en bajo ha leído sus libros”.

El profesor y fraile español Francisco Tostón me envío su reposado y documentado libro El interlocutor encontrado, diálogo con Fernando Vallejo sobre su obra La puta de Babilonia, en la que le acusa las cuarenta al terrible muchacho.

Hasta yo chicaneo diciendo que me encontré en la vida con Vallejo. Lo vi una vez desocupando el Éxito de Laureles. Ganas me dieron de decirle que yo también estudié en el Colombiano. Me las aguanté, claro. Desde ese “encuentro” me queda mejor redactado el punto final de mis ladrillos

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