Fue una victoria heroica, contra todos: el Presidente y sus ministros, gobernadores y alcaldes, y la burocracia; todos los partidos políticos, menos el Centro Democrático; la mermelada; los cacaos, los grandes contratistas y los sindicatos; los medios, con alguna excepción; el Cardenal y el Papa, que condicionó su viaje a Colombia a la aprobación del plebiscito; la comunidad internacional; la guerrilla, que aun ejerce presencia armada; y el miedo inducido por el Gobierno que amenazó con ataques urbanos.
Y unas reglas de juego y un árbitro amañados. Reducción del umbral del 50 al 13 % y eliminación del voto en blanco y el derecho a la abstención activa; autorización a los funcionarios públicos a hacer política; eliminación de la financiación...