<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 17 de junio de 2021

Vidas para lelos: Carlos y Lubín

Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento de la vejez, recuerdo que ninguno de mis abuelos me llevó a conocer el hielo.

Pero me fue mejor: del abuelo Carlos Domínguez Vallejo, de El Retiro, de bigote a lo Chaplin, heredé cierta tendencia al mamagallismo que me ha ayudado a ganarme la vida.

De Lubín Giraldo López, hecho en Montebello, aprendí a vivir la vida con cierto estoicismo, sin lamentaciones.

Pertenecieron a la generación que no conoció el mar, el cine, la televisión, la lúdica. Solo conjugaban el verbo trabajar. Adiós pereza.

Como solo conocían el método del ritmo, se tenían confianza para embarazar a sus esposas, siguiendo el mandato bíblico. De papá Carlitos sobrevivieron 10 de 13 petacones, de papá Lubín terminaron su recorrido 13 de 18.

En sus casas se hacía lo que ellos obedecían, porque sus mujeres, Amalia Calle Botero, de Jericó, y Ana Rosa Jiménez Rojas, de La Ceja, tenían la sartén por el mango. Ellos levantaban para la yuca y apretaban clavijas cuando alguno de la culecada se alebrestaba.

Nunca patearon los códigos. Nada de enriquecerse primero y “honradecerse” después. Si tocaban en sus casas en la madrugada era algún forastero que buscaba posada, nunca la policía. Enseñaron a la tribu a meter la mano en el propio bolsillo. Caca con lo ajeno.

A los necesitados les daban una mano, dos manos, todas las manos. Los pobres tenían días señalados para la redistribución del ingreso producto de su condición de comerciantes, agricultores y tenderos. Tuvieron la mejor de las riquezas: esa en la que no falta un carajo.

En sus hogares “solo” se comía seis veces al día: tragos, desayuno con calentao, media mañana, almuerzo a las doce, algo, opípara comida a las cinco en punto de la tarde, merienda a las ocho de la noche. Barriga llena corazón contento.

Seguía el eterno rosario, juego de tute, en el caso de los Domínguez Calle, y los que roncan. Que no falten misa dominical de dos yemas con confesión y común, primeros viernes, los mil jesuses en mayo. Todo lo que ordenaba el ceremonial católico.

Desde la pared, un cuadro desteñido del Corazón de Jesús con su sonrisa de Monalisa de pueblo, monitoreaba todo.

En tiempo de los abuelos se nacía liberal o conservador, católico o católico. A ellos – y a sus mujeres, claro- les figuró el liberal partido que les ocasionó más de un sinsabor.

Al abuelo Lubín le tocó abandonar Montebello donde fue presidente del concejo en doce oportunidades en sus ocios de agricultor. El éxodo terminó en Aranjuez. Como el abuelo Carlos era una caja de música lo jodieron pero se salvó de integrar la diáspora.

No recibían felicitaciones el día del padre porque no se usaba. Así que les mando mis congratulaciones con retroactividad al día que empezaron a ser taitas

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas