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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 13 de julio de 2021

¿Y Venezuela qué?

Se ha anunciado tantas veces la aparición del lobo que ya nadie cree. Se ha dicho una y otra vez que Nicolás Maduro está por caer, que negociará su salida en cuestión de semanas o meses, pero pocos creen la historia. El chavismo sigue ahí, aferrado a Miraflores, como un monstruo decadente que se niega a agachar la cabeza y dar un paso al costado.

Pero ahora hay nuevos datos, menos estrambóticos, que salen a cuentagotas desde Washington y Bruselas. Dan cuenta de avances importantes para lograr un cambio en Caracas. Poco se ha dicho en la prensa. No se quieren crear falsas expectativas. La ficha clave del rompecabezas podría estar en el gobierno de Joe Biden quien, a los susurros, está dispuesto a disminuir las sanciones contra el gobierno del Partido Socialista Unido de Venezuela si hay un compromiso verificable de elecciones transparentes. En la oposición miran con sospecha la oferta, pero la Unión Europea insiste en que es la única salida. Los otros caminos han fracasado.

Los nuevos intercambios de ideas están dirigidos por Josep Borrell, Alto Representante de Política Exterior de la Unión Europea, y Antony Blinken, secretario de Estado de Biden. La idea es ir de a poco eliminando sanciones de acuerdo a cambios escalonados por parte de Maduro. La particular calma económica de Venezuela, con un dólar como moneda no oficial, parece ser la oportunidad esperada para el salto definitivo.

Tan pronto como el próximo noviembre se efectuarán allí las elecciones regionales y sería este el momento clave para medirle la temperatura a la voluntad de las partes: qué tanto está dispuesto a ceder el chavismo y qué tanto puede ofrecer una oposición agotada y fragmentada.

Tras años de intentos fracasados para torcer el rumbo en el cual el chavismo metió a Venezuela, parece evidente que la única escapatoria viable es el voto. En eso insisten las potencias desde que Trump dejó la Casa Blanca y lo repiten una y otra vez cuando tienen al frente a los partícipes de la disputa. Y hay acuerdos entre ellos. Coincidencias mínimas. Pero ahora es preferible el secretismo y evitar la pirotecnia de las supuestas soluciones inminentes. Porque esto no será de un día para otro. Esa es quizá la única certeza palpable tras más de dos décadas desde el día en el que Hugo Chávez llegó al poder

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