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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 03 de enero de 2020

Yo, el mejor amigo de mí mismo

En el 2020 me propongo ser el mejor amigo de mí mismo. Esto me compromete demasiado, pues yo sé si me soy sincero. Además, puede que no sepa qué es amor, pues nunca me he interesado en saberlo.

Cuando Jesús revela su intimidad al afirmar: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30), está indicando que amor es unidad de dos, y esta unidad que hace con su Padre, indica que se aman, el secreto de su grandeza y perfección.

Amigo es aquel a quien yo amo y él me ama, aquel que me ama y yo lo amo, pues amistad es amor correspondido, la tarea del ser humano, asignada por el mismo Creador: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12,31). Amarme a mí mismo es el punto de referencia del amor a mi prójimo. Los entramados del amor me indican mi intimidad, lo que soy.

Un día Jesús hizo esta revelación: “Un mandamiento nuevo les doy, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado”. Sabemos que el punto de referencia de Jesús era el amor con su Padre, y que este mandamiento es nuevo porque engloba todos los demás, pues el amor es el fundamento de todo en Dios y en el hombre.

Un meditante escribió en su diario íntimo: “He renunciado a dos amigos, a uno, porque nunca me ha hablado de él, y a otro, porque nunca me ha hablado de mí”. Mirándolo bien, ese amigo soy yo, que supongo que me amo a pesar de no hacer nada por amarme, y por no amarme, no se me ocurre hablarme de mí. Y así, por no hablarme, tampoco me escucho.

Como amar es unidad de dos, yo sé que me amo cuando me intereso en estar limpio, organizado, bien vestido. Y también en ser acogedor, comprensivo, paciente, solidario, generoso conmigo mismo. Estos gestos me indican que hago unidad conmigo, es decir, que me amo.

Necesito una larga paciencia para amarme, para ser el mejor amigo de mí mismo. Todo sentimiento mío que me hace daño, como rabia, tristeza, impaciencia o amargura, me indica que no me amo. Por el contrario, todo sentimiento mío que me hace bien, como alegría, confianza, acogida, fortaleza, generosidad, me indica que me amo, que soy amigo de mí mismo.

Me asombra sobremanera saber que debo sacar un tiempo fijo cada día para hablar conmigo de mí mismo. Mi tarea primordial, pues de ella depende mi felicidad, y que por tanto mi identidad, ubicación y pertenencia.

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