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Cristina de Toro
Columnista

Cristina de Toro

Publicado el 24 de agosto de 2018

Yo paso

La dichosa Consulta Anticorrupción que pasado mañana se botará, sí, amable lector: bo ta rá, así, con be, porque más allá del descomunal despilfarro de 310 mil millones de pesos, no me cabe duda de que será un estruendoso fracaso.

Aunque tiene un nombre llamativo que incluye una causa aparentemente muy noble, no es más que otro vulgar engaño a este pueblo bueno y sumiso que sueña con tener, algún día, unos dirigentes honrados, decentes. Un pueblo que lo único que pide a gritos es que ¡no lo roben más!

Sin embargo, esta Consulta Anticorrupción, como bien anotó alguien por ahí, no es más que un placebo, puesto que carece por completo de efectos jurídicos, aunque, eso sí, plena está en contenidos políticos y publicitarios. Es toda una plataforma de campaña para sus organizadores, particularmente para aquella que, aunque a gritos trata de esquivar el tema, va tras la alcaldía de Bogotá.

Es un embeleco inútil, que hace preguntas que, como han explicado sobradamente los entendidos en la materia, ya están contenidas en la ley colombiana (2, 3 4 y 5) y otras (1 y 7), que necesariamente tienen que ser tramitadas en el Congreso.

La corrupción, ni es un mal exclusivo del poder Legislativo, ni se combate con mecanismos populistas y electoreros como este. Para poder acabar con este azote que desgraciadamente ha permeado todos los estamentos de la sociedad, se requiere de voluntad política como la que tiene el gobierno del presidente Iván Duque, que desde el día mismo de su posesión ha empezado, no solo a dar ejemplo de austeridad y pulcritud, sino también, a radicar importantes proyectos de ley que atacan el mal en sus raíces, abarcando también la rama Ejecutiva y, por sobre todo, la Judicial.

Aquí todas las instancias del poder público están gravemente contaminadas. No olvidemos los recientes escándalos del “cartel de las Togas” o, los de los dineros del mal llamado Proceso de Paz. Y, ni qué decir de los de la salud (EPS, IPS, etc.), o bien de los de la educación pública, etc.

La insulsa Consulta es, entonces, una muestra más de lo manipulables que somos los colombianos. Ya una vez nos vendieron una repugnante componenda pactada entre unos narcoterroristas y un caradura con complejo de príncipe y líder mundial, como “el mejor Proceso de Paz del mundo”, y ahora, un grupo de avivatos pretenden vendernos la pócima mágica que, contenida en siete preguntas, acabará con el cáncer de la corrupción.

Definitivamente, esto no es conmigo. Yo paso.

P.S. ¡Ah! Olvidé decir, además, que soy una tía uribista y mi cédula aún no aparece. .

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