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Alerta por las cuentas de Petro de 2024

La mayor preocupación es que los gastos siguen creciendo y los ingresos tributarios serán menores en por lo menos 25 billones de pesos frente a los previstos en el presupuesto aprobado.

12 de febrero de 2024
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  • Alerta por las cuentas de Petro de 2024

Uno de los flancos en los que durante el primer año de gobierno del presidente Gustavo Petro reinó cierta tranquilidad fue en el de la macroeconomía. Varias de las decisiones que tomó dieron la idea de un manejo responsable de las finanzas públicas.

Sin embargo, ahora, esa confianza empieza a flaquear. No solo lo critican economistas clásicos de izquierda como Salomón Kalmanovich sino que el presidente Petro empieza a dar preocupantes pasos: echó a un técnico como Jorge Iván González de Planeación Nacional para reemplazarlo por un activista como Daniel Rojas, y en materia de presupuesto decidió no respetar las vigencias futuras, algo a lo que lo obliga la ley, con el ánimo de dejar cerca de 13 billones de pesos para utilizarlos a su discreción. Kalmanovich lo dijo bien, ha quedado “en duda la capacidad técnica del Gobierno, que decide operar con personal fiel, pero incompetente”.

¿Qué se puede decir de las cuentas del país en 2024? Hace unos días el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, presentó el Plan Financiero del año, es decir, las principales metas económicas y fiscales. Si bien, algunos anuncios causan tranquilidad, otros, por el contrario, dejan muchas sombras sobre su cumplimiento y la salud de las finanzas públicas.

Este plan es muy importante porque les dice a los mercados cuáles son las principales apuestas y qué podría esperarse si no se cumplen las metas. Para este año, nuevamente los gastos serán mayores que los ingresos, y como no se harán recortes no queda otro camino que endeudarse más o subir los ingresos vía impuestos. Suena paradójico que el gobierno del cambio haga lo mismo que ha sido tan cuestionado en los anteriores gobiernos: aumentar el déficit y ponerles una mayor carga tributaria a los colombianos.

Si comenzamos por las buenas noticias, una de ellas es que la inflación continúa subiendo menos cada vez –en los últimos doce meses fue 8,35%–. El Gobierno prevé que al finalizar este año terminará en 6%, lo que le dará espacio al Banco de la República para bajar más las tasas de interés, incluso hasta el 8%, frente al actual 12,75%.

Con menores tasas se espera que la economía se reactive, aunque la meta del Minhacienda no es tan optimista porque apunta a un crecimiento de solo 1,5%, que sigue siendo insuficiente para generar empleo y está por debajo del crecimiento del 1,9% previsto por el FMI para América Latina.

Sobre el comportamiento del dólar, que llegó a estar en 5.000 pesos, se espera mayor estabilidad, con un nivel promedio de 4.317 pesos. Aunque algunos sectores exportadores se quejan de la revaluación, lo cierto es que lo que más le conviene al país es que el valor del billete verde no suba de manera excesiva.

Pero pasemos a las cifras que prendieron las alertas de los analistas y de las calificadoras de riesgo. La mayor preocupación es que los gastos siguen creciendo y los ingresos tributarios serán menores en por lo menos 25 billones de pesos frente a los previstos en el presupuesto aprobado.

Habrá menos impuestos porque el crecimiento económico será menor, el precio del petróleo no ayuda, el comercio exterior está menos dinámico y no se va a materializar el recaudo por litigios tributarios.

Por eso, el déficit fiscal, la diferencia entre gastos e ingresos, subirá a 5,3% del Producto Interno Bruto, muy superior al 4,2% del año pasado. Aún así, el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, asegura que se cumplirá la regla fiscal, porque esta permite un mayor espacio de déficit cuando bajan los ingresos petroleros y la desaceleración económica. “La situación fiscal del país no es angustiante”, dice el ministro, que sin embargo reconoce que “están llegando al límite de lo que permite la regla fiscal”.

A los analistas les preocupa este panorama. Algunos dicen que la sostenibilidad fiscal será el principal talón de Aquiles. Otros le recomiendan al Gobierno reducir los gastos en por lo menos 23 billones de pesos. Pero el Gobierno anunció que no recortará el gasto porque necesita una política contracíclica que ayude a reactivar la economía, porque si logra que haya mayor crecimiento económico, mayor es el recaudo de impuestos. Por ahora, con un crecimiento de 1,5% no puede esperarse que las arcas de la Dian se llenen.

Caminar al filo de la navaja en materia fiscal es muy riesgoso, más cuando quedan contingencias y temas que no se han resuelto como el hueco en el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc). A pesar del aumento del 60% en el precio de la gasolina en el último año y medio tiene un faltante de 20 billones porque no se incrementó el precio del diésel. Y tal como están las cosas será muy difícil que se logren aumentos sustanciales en un combustible cuyo precio lleva congelado más de dos años y es más contaminante que la gasolina.

Los mayores subsidios a diversos sectores de la población, poner a las Juntas de Acción Comunal a manejar los recursos, las noticias sobre el derroche en entidades públicas y gastos que no son prioritarios como la del séquito de Verónica Alcocer, lanzan señales de incertidumbre sobre la seriedad de este gobierno para manejar las finanzas del país.

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