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Así blindó Colombia su democracia

El registrador nos hace recordar la frase de Gaona: “Hay un momento en la historia de cada país en donde el carácter de sus líderes se une al destino de esa nación”.

hace 1 hora
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  • Así blindó Colombia su democracia

El presidente Belisario Betancur solía decir que “Colombia es la democracia más antigua de América Latina”. Y el país –entendiendo sus matices– solía sentirse orgulloso de ese título: lo repetía convencido de que así era. Pero, de un tiempo a esta parte, casi no se ha vuelto a oír reclamar este logro en voz alta. Tal vez porque para algunos puede sonar anticuado, o quizás por temor a ser sometidos a la crítica por parte de aquellos profetas del fracaso que se encargan de poner de moda narrativas injustamente pesimistas del país.

Pero lo cierto es que desde 1853, salvo el breve paréntesis de Rojas Pinilla, el país ha elegido a sus gobernantes en las urnas, no en los cuarteles. Esa es una rareza histórica en América Latina, donde golpes, dictaduras y rupturas constitucionales han sido la norma y no la excepción. Este domingo 21 de junio, una vez más el país puso a prueba esa tradición y volvió a demostrar por qué, en estos tiempos turbulentos, es más necesaria y sigue más viva que nunca.

No se trató solo de elegir a Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia. La jornada del domingo fue la confirmación de que la arquitectura electoral del país funciona ahora mejor que nunca, incluso bajo la peor de las presiones: un presidente en ejercicio que lleva diez meses cuestionando el sistema, y en las últimas horas disparó toda clase de acusaciones para generar desconfianza sobre los resultados.

Si bien el preconteo fue estrecho –De la Espriella ganó por una diferencia de 250.830 votos, equivalente al 0,96 %–, ya el escrutinio municipal —la primera fase de la revisión, adelantada por jueces de la República— confirma que el sistema volvió a funcionar como un relojito: los ajustes ciudad por ciudad son ínfimos. De la Espriella amplía sus votos en Pereira (175), Manizales (113) y Cúcuta (297); Cepeda recupera en Armenia (171), Cartagena (73) y Santa Marta (5).

Es un ajuste casi anecdótico, como en la primera vuelta del 31 de mayo, cuando la coincidencia entre preconteo y escrutinio fue del 99,97 %. El Consejo Nacional Electoral debe recibir hoy los escrutinios y dará el resultado oficial jueves o viernes.

La velocidad y la precisión del conteo en Colombia no son casualidad: son el resultado de un sistema perfeccionado por décadas que tiene varias capas para blindar las elecciones. En EL COLOMBIANO las llamamos los “ocho guardianes del voto”: la primera capa es el ciudadano, que marca su voto en papel y lo deposita en una urna sellada —una decisión deliberadamente “anti-tecnológica” que hace casi imposible alterar un voto sin dejar rastro físico–. Le siguen los jurados, escogidos al azar entre cerca de 850.000 ciudadanos mediante sorteo de software.

Luego los testigos electorales, que pasaron de 182.000 a 373.612, con una cobertura del 98,3 % de las mesas del país. A eso se suman los auditores de sistemas de los partidos, que vigilan los software del escrutinio en las 34 sedes habilitadas.

El corazón técnico del blindaje está en el formulario E-14 y su triple trazabilidad. Al cerrar la votación, los jurados abren la urna, clasifican los votos y consignan los resultados en esa acta, con tres copias para seguir caminos simultáneos: el testigo de cada partido la fotografía y la envía a su partido; la Registraduría la escanea y la publica en su página web; y en las sedes de preconteo un delegado la dicta en voz alta mientras se ingresa al software especializado.

Cierra el blindaje el escrutinio mismo —el conteo con valor jurídico, frente al preconteo que es solo informativo—, adelantado por 3.157 comisiones escrutadoras de jueces, notarios y delegados de la Registraduría. Y por encima de todos, más de 15.000 observadores nacionales y 8.600 internacionales.

Pero un gran sistema puede funcionar bien o mal según quien lo esté manejando. Y por eso queremos destacar la labor del registrador Hernán Penagos, su compromiso y su templanza para asumir esta tarea tan complicada, merece un reconocimiento particular. Nos hace recordar aquella frase del constitucionalista Mauricio Gaona: “Hay un momento en la historia de cada país en donde el carácter de sus líderes se une al destino de esa nación. Ese momento ha llegado”.

Un segundo reconocimiento le corresponde al Consejo Nacional Electoral, que multiplicó por veinte el número de testigos y por más de cincuenta el de auditores de sistemas en apenas cuatro años, y que construyó herramientas como Comitium en Línea para potenciar la tarea de los testigos. Y por supuesto, el papel de apoyo que jugaron la Procuraduría, la Contraloría y la Defensoría del Pueblo.

Este no fue un proceso electoral perfecto por accidente, sino el producto de décadas de aprendizaje institucional, de una Registraduría que se ha profesionalizado elección tras elección, y de una sociedad civil —la MOE, los testigos electorales, la prensa— que vigila cada boletín.

Colombia no necesita gritar que es una democracia ejemplar. Esta semana, ajuste por ajuste, mesa por mesa, lo está demostrando con números.

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