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El colapso del ladrillo chino

La lección que deja la estrepitosa caída del gigante inmobiliario demuestra que las crisis provocadas por la especulación y el crédito desmedido no respetan fronteras ideológicas ni sistemas políticos autoritarios.

hace 16 minutos
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  • El colapso del ladrillo chino

La condena a cadena perpetua de Xu Jiayin, fundador y cerebro del gigantesco conglomerado inmobiliario China Evergrande Group, no es solo el ocaso absoluto de quien fue el hombre más rico de Asia. La sentencia de un tribunal de Shenzhen, conocida el 20 de agosto, marca el cierre judicial de uno de los capítulos más convulsos en la historia corporativa de China.

Sin embargo, lejos de traer calma, el veredicto dejas al descubierto las fallas estructurales de un modelo de crecimiento a punta de endeudamiento desenfrenado y por momentos hace tambalear los cimientos de la segunda potencia del mundo. Las olas expansivas de este colapso ya cruzan fronteras, demostrando la profunda interconexión de la economía global.

Para entender la magnitud de la sacudida, es indispensable repasar la figura de Xu Jiayin y su simbiótica relación con Pekín. De origen humilde en la China rural, Xu encarnó el ideal del “sueño chino” impulsado por el Partido Comunista (PCC). Fundada en 1996, Evergrande Real State cabalgó sobre la vertiginosa ola de la urbanización, construyendo complejos habitacionales masivos. La fórmula parecía infalible: comprar terrenos mediante créditos, vender apartamentos sobre planos y usar ese dinero fresco para financiar nuevos proyectos y adquirir más deuda.

Este esquema, con cierto aliento piramidal, funcionó dos décadas a los ojos de gobiernos locales agradecidos por la venta del suelo y las elevadas tasas de crecimiento del PIB. Xu no era un empresario cualquiera, era miembro de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, lo que le otorgaba un estatus de intocable y un canal directo con la élite del régimen. El sector inmobiliario llegó a representar, entre una cuarta parte y cerca de un 30% de la actividad económica total de China y se convirtió en el principal motor de riqueza para una naciente clase media que invertía allí todos sus ahorros.

El punto de quiebre llegó cuando Pekín, consciente del riesgo, trazó en 2020 límites estrictos. Sin el oxígeno del endeudamiento perpetuo, el gigante de la construcción se ahogó. En 2021, Evergrande Group protagonizó el mayor incumplimiento financiero del mundo al acumular pasivos superiores a los 300.000 millones de dólares.

El derrumbe dejó más de un millón y medio de familias atrapadas con viviendas inacabadas, proveedores en la quiebra y un reguero de ciudades fantasma. Las investigaciones judiciales posteriores destaparon un entramado de fraude contable y sobornos que dinamitaron la credibilidad de la firma. El tribunal encontró que, entre 2016 y 2021, Evergrande llevó una doble contabilidad para inflar activos y ocultar pasivos: entre 2019 y 2020, la sobreestimación de ingresos rondó los 80.000 millones de dólares.

El golpe es tan grande que parece alterar el contrato social histórico entre el Partido Comunista y la ciudadanía. Durante décadas, la estabilidad política del régimen se sostuvo sobre la promesa de un progreso material constante. Hoy, la manera como se ha evaporado la riqueza inmobiliaria ha desatado una crisis de confianza que paraliza el consumo interno y amenaza con la deflación.

El castigo a Xu Jiayin fue ejemplarizante: confiscaron todos sus bienes, le quitaron derechos políticos de por vida, multas por 2.400 millones de dólares y hasta sus hijos fueron sentenciados junto a otros 54 antiguos ejecutivos y allegados del grupo, en un gesto que convierte el juicio en algo más que una purga corporativa: es la liquidación pública de una dinastía.

La caída de Evergrande arrastró a otras promotoras del sector, congelando el principal motor de inversión interna. Destruir la burbuja era necesario, pero manejar las consecuencias económicas está resultando ser una tarea titánica para Pekín.

Hacia el exterior, el colapso del ladrillo produce cambios en la macroeconomía global y plantea riesgos para las economías emergentes. El comercio de China con América Latina —que llegó a superar los 480.000 millones de dólares en 2022— depende de tres productos: cobre, hierro y soya, concentrados sobre todo en Brasil, Chile, Perú y Argentina. La caída de la industria china de la construcción reduce drásticamente la necesidad de esos productos y afectará así a las naciones exportadoras de la región. Asimismo, los fondos de inversión internacionales que adquirieron bonos de Evergrande se enfrentan a pérdidas multimillonarias casi irrecuperables.

La lección que deja la estrepitosa caída del gigante inmobiliario es dolorosamente familiar. Las crisis provocadas por la especulación y el crédito desmedido no respetan fronteras ideológicas ni sistemas políticos autoritarios. Tarde o temprano, la realidad matemática se impone sobre el papel de las finanzas creativas. El mundo entero contempla hoy con justificada cautela el panorama asiático, pues si los cimientos de la fábrica del planeta flaquean, el impacto se puede sentir en cada rincón de la economía global.

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