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La trayectoria de Roy Barreras es la metáfora perfecta del camaleón: ha transitado del uribismo al santismo y de allí al petrismo sin sobresaltos ideológicos.
Si hay un político colombiano que ha hecho del cambio de piel una estrategia de supervivencia es Roy Barreras. Su trayectoria es la metáfora perfecta del camaleón: ha transitado del uribismo al santismo y de allí al petrismo sin mayores sobresaltos ideológicos. Más que una evolución doctrinaria, lo suyo parece ser una lectura pragmática del poder: se arrima al árbol que más frutos le pueda dar.
Sin embargo, la maniobra política que ahora está ejecutando llama la atención hasta al más creativo libretista de una de esas series que hacen un retrato truculento de la política. Con menos del 2% en intención de voto, según diversos sondeos, pretende dar un salto y desplazar a Iván Cepeda, quien supera el 30% de respaldo y hasta hace poco era el virtual candidato único del Pacto Histórico.
En ese contexto, la derrota de Roy estaba cantada. Sin embargo, una combinación de errores jurídicos de Cepeda y el fallo del Consejo Nacional Electoral, que sacó de la consulta al senador del Polo Democrático, le despejó el camino al ex embajador del gobierno de Petro ante el Reino Unido.
Barreras organizó en menos de 48 horas una consulta interpartidista propia, antes de que se venciera el plazo para las inscripciones de ley. Como si la política electoral fuera tan sencilla como armar las fichas de un lego. Hizo llamadas y reunió un puñado de personas, sin representatividad alguna, que le quisieron prestar el nombre para que no apareciera solo en el tarjetón “de la izquierda”. Y al final de la jornada se completó el muñeco: el cuestionado exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, fue habilitado para participar en esa consulta. Aún no es claro cómo se logró esta maniobra, y qué tanto movió los hilos Roy Barreras, pues el argumento que sirvió para sacar del tarjetón de la consulta a Cepeda, extrañamente no sirvió para aplicar la misma sanción a Quintero.
¿Cómo puede interpretarse que un candidato como Roy Barreras, que en algunas encuestas marca 0,5%, quiera hacer creer al país que podría ganar una consulta interpartidista? Por supuesto, Roy hace cuentas de millones de votos de maquinarias políticas de todo el país que se activan de manera particular en las elecciones parlamentarias. Puede que esos votos le den para salir airoso en la consulta pero no necesariamente son suficientes para ganar la Presidencia.
Pero si la manera como se armó la consulta deja algo o mucho que desear, su lista al Congreso retrata el tipo de alianzas que Roy Barreras está dispuesto a hacer con clanes regionales cuestionados y personajes con investigaciones abiertas o pasados disciplinarios turbios. En el puesto 15, por ejemplo, figura Juan David Duque, exsecretario privado de Daniel Quintero en Medellín, quien enfrentó una moción de censura y fue declarado insubsistente en medio del escándalo del derroche de la caja menor (o fondos fijos) de la Alcaldía.
En el estratégico número 3 aparece Olga Milena Flórez Sierra, esposa del condenado exsenador Musa Besaile Fayad, protagonista del Cartel de la Toga y del escándalo de Fonade. Roy conoce bien a Musa de sus épocas de compañeros y colegas en el Partido de la U y en el Congreso. También está Leonidas Name, exsecretario de la UNGRD y sobrino de Iván Name, uno de los salpicados en el entramado de corrupción que golpeó a esa entidad.
La lista incluye además a Gorky Muñoz, exalcalde de Neiva, destituido e inhabilitado por irregularidades contractuales durante la pandemia; y a Máximo Noriega Rodríguez, a quien el propio Pacto Histórico retiró el aval en 2023 tras el escándalo de los dineros que habrían ingresado a la campaña presidencial de Gustavo Petro. Con esos primeros nombres se puede hacer un mapa o un estudio sobre la presunta corrupción política en distintas regiones del país.
A ellos se suman los nombres de Fabio Arias, presidente de la CUT, denunciado por promover bloqueos que afectaron el sistema TransMilenio en Bogotá. Incluso aparece Angélica María Monsalve, exfiscal envuelta en controversias relacionadas con presuntas irregularidades en procesos de la Unidad Nacional de Protección.
El mensaje político es inquietante. Mientras el país reclama lucha frontal contra la corrupción el “Frente Amplio Unido” parece reeditar prácticas que han erosionado la confianza pública durante décadas: alianzas con maquinarias regionales, reciclaje de apellidos cuestionados y cobijo a figuras investigadas.
La política colombiana conoce bien el costo de abrirles espacio a estructuras que han hecho carrera en la contratación pública opaca y en la captura de entidades territoriales: se traduce en hospitales desfinanciados, obras inconclusas y servicios públicos deteriorados.
Barreras juega duro y se rodea de maquinarias regionales que le garanticen votos. Pero el electorado de izquierda podría castigar lo que percibe como oportunismo. Y el votante independiente difícilmente respaldará una lista que reproduzca prácticas que el país quiere superar.
Resulta ciertamente lamentable que una persona como Roy Barreras, a quien el país le ha permitido tantos cargos de privilegio, considere que puede hacer una propuesta tan precaria, por decir lo menos, en términos de transparencia, de integridad y de futuro para Colombia. .