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Las dos Argentinas de Milei

Ahora Milei tiene que demostrar que viene la prosperidad. Su reto de cara a las elecciones de 2027.

hace 35 minutos
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  • Las dos Argentinas de Milei

Pocas cosas unen a los argentinos como las Malvinas. Y pocas banderas han resultado tan tentadoras para sus gobiernos cuando las cosas se complican puertas adentro.

Desde la dictadura que para tapar una economía en ruinas, en 1982 se lanzó a una guerra con los británicos que dejó más de 900 muertos, todo gobierno en apuros sabe que agitar la bandera de las islas rinde más en las encuestas que cualquier reforma, aun cuando 99,8% de sus habitantes votó en 2013 por seguir del lado de los británicos.

Milei parecía la excepción: llegó a la Casa Rosada prometiendo una “relación adulta” con el Reino Unido, y tanta moderación llegó a mostrar que, al contrario, se le criticó por su tibieza. El pasado 3 de septiembre dio un giro, despachándose como sus predecesores: amenazando con sanciones a petroleras que perforan cerca de las islas, anunciando una base militar en Tierra del Fuego e insistiendo en que los isleños son “una población implantada en un territorio usurpado”.

El giro tiene que ver menos con los recientes acontecimientos en las Malvinas –el proyecto petrolero Sea Lion y las perforaciones previstas han reavivado el conflicto– que con la situación del presidente: es la movida de un gobierno en apuros a un año de las elecciones.

El experimento Milei empezó bien. Recibió en 2023 una inflación de 13% mensual y un riesgo país que rondaba 2.000 puntos. Con la motosierra entregó superávit fiscal desde su primer mes, una inflación de 1,7% mensual en agosto (la más baja en catorce meses), un riesgo país por debajo de 500 puntos y reservas que se duplicaron a cerca de US$49.000 millones. La pobreza, que llegó a tocar 53% en su primer año, cayó al 28,2 % en el segundo semestre de 2025, el nivel más bajo en siete años.

Pero la segunda etapa del gobierno resulta más difícil que la primera. La economía crece, pero no como se esperaba: el cambio de expectativas del Banco Central, que en enero proyectaba crecimiento de 3,2% para 2026, y hoy apenas algo cercano al 2%. Un tercio de la expansión esperada se evaporó en ocho meses. No suficiente para ser transformador. Y la receta que domó la inflación (tasas altas, peso fuerte y crédito escaso) es la que hoy frena la actividad económica: industria y construcción están 10% por debajo de cuando Milei asumió y desde 2023 se han perdido cerca de 240.000 empleos formales del sector privado. Los salarios privados siguen 3,6% por debajo de los de noviembre de 2023 y los públicos, un 16,5%.

Detrás de esos promedios hay dos Argentinas. Una, la que el peronismo construyó durante ochenta años detrás de un muro de aranceles y subsidios: la urbana, la del Gran Buenos Aires, que concentra cerca de cuarta parte de los votantes del país, donde las fábricas y la actividad económica están frenadas, con beneplácito e intencionalidad del gobierno, luego de décadas en que el Estado las protegió con beneficios sin ser competitivas, generando empleo y rentas para algunos, pero restándole competitividad a la economía.

La otra Argentina, lejos de Buenos Aires, es la de Vaca Muerta, la minería y el agro: vive una bonanza, pues la liberalización y el retorno a un comercio exterior sin ataduras le permiten desatrasarse de lo que le costaron los controles cambiarios y medidas proteccionistas con las que se ayudó a la otra Argentina. El problema es que esa Argentina genera divisas, pero pocos empleos: petróleo, minería y agro apenas representan 12% de ocupación y buena parte de esas actividades se concentra lejos del conurbano bonaerense, donde hay más votos y el peronismo siempre ha tenido su baluarte.

Los votantes ya lo notaron: la inflación, su principal preocupación cuando Milei llegó, hoy ha caído en la lista, por detrás del desempleo y de los salarios. Según encuesta de Atlas Intel y Bloomberg, 38% de argentinos tiene imagen positiva del presidente frente al 58% negativa. Si bien no es adecuado comparar a un presidente en ejercicio con personajes de la política haciendo oposición, sí llama la atención que le vaya peor a Milei que a Cristina Kirchner o Axel Kicillof y que sea Myriam Bregman, candidata marxista la que encabeza el ranking de favorabilidad con 43%. Lo puede salvar una oposición dividida entre Kicillof, Sergio Massa, Juan Grabois y el ala dura de Cristina. Pero en Argentina una mala encuesta en año electoral puede desatar una corrida cambiaria.

Lo que salvará a Milei no son las Malvinas. Es conseguir que la estabilización llegue al bolsillo del conurbano: que vuelva el crédito, se recupere el empleo y los salarios le ganen a la inflación.

Hace casi dos años, este periódico se preguntaba si los argentinos aguantarían el dolor del corto plazo para comprobar si el modelo daba frutos. Aguantaron. Pero ningún gobierno puede pedir paciencia indefinidamente. El sacrificio era la primera parte; ahora Milei tiene que demostrar que viene prosperidad. Es su reto a 2027. Si los números mejoran pero la vida cotidiana no, poco importará haber derrotado la inflación, acumulado reservas o reducido el riesgo país. Y tampoco habrá Malvinas que alcance.

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