x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Perú y Brasil están girando a la derecha ¿Y Colombia?

La región se ha cansado del ciclo que empezó a finales de la década pasada, y tal vez no hay grandes razones para pensar que Colombia pueda ser la excepción.

hace 2 horas
bookmark
  • Perú y Brasil están girando a la derecha ¿Y Colombia?

Cuando Gustavo Petro fue elegido presidente en junio de 2022, su triunfo se leyó como la confirmación de una tendencia regional: América Latina se había teñido de izquierda. López Obrador gobernaba México desde 2018, Alberto Fernández había desplazado a Macri en Argentina en 2019, Luis Arce había recuperado el poder para el MAS en Bolivia en 2020 y Pedro Castillo había dado la sorpresa al triunfar en Perú en 2021. Al cierre de ese mismo año, Gabriel Boric había asumido en Chile como el presidente que recogió el sentir del estallido social, y meses después Lula regresaría al poder tras derrotar a Jair Bolsonaro. Con contadas excepciones, prácticamente toda Sudamérica estaba gobernada por la izquierda.

Ese mapa se ha ido desdibujando con rapidez. Javier Milei irrumpió en Argentina en 2023 con un quiebre abrupto de lo que había sido la senda del país en el siglo XXI y, para muchos, marcó el inicio del cambio de tendencia. Más recientemente, Daniel Noboa consolidó su proyecto en Ecuador dejando atrás el legado del correísmo y, en Chile, José Antonio Kast asumió la presidencia el pasado marzo tras derrotar con holgura a la oficialista Jeannette Jara en la segunda vuelta de diciembre. En Bolivia, las elecciones del 19 de octubre puso fin a casi dos décadas de hegemonía del movimiento de Evo Morales con el triunfo de Rodrigo Paz.

México, con Claudia Sheinbaum, y Colombia, con Petro, siguen siendo las dos grandes excepciones a esta ola, pero hasta hace pocos meses había otros dos países donde el giro parecía improbable: Perú y Brasil. Hoy ambos escenarios se han movido, aunque con matices muy distintos.

Perú llega a la segunda vuelta presidencial de junio en medio de un caos institucional que se ha vuelto rutina. El país elegirá a su décimo presidente en diez años, un promedio de un presidente por año, después de una primera vuelta el pasado 12 de abril que tuvo 35 candidatos en un tarjetón de casi medio metro, jornadas de votación extendidas por fallas logísticas, acusaciones de fraude y un conteo que, a pocas semanas del balotaje, todavía no define al segundo finalista. Keiko Fujimori, en su cuarto intento presidencial, se consolidó en primer lugar con cerca del 17% de los votos. La disputa por el segundo lugar, separada por unos pocos miles de votos y con una fracción aún por escrutar, está entre Roberto Sánchez, heredero político de Pedro Castillo —hoy preso tras su intento de autogolpe— y abanderado de la izquierda, y Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima de discurso confrontacional e ideología de derecha.

Más allá de quién la acompañe en el balotaje, todo apunta a que será Fujimori quien se quede con la presidencia, y los mercados de predicción —que se han posicionado como termómetros más acertados que las encuestas tradicionales— apuntan en esa dirección. En Polymarket, una plataforma donde los usuarios apuestan dinero real sobre el resultado de elecciones y otros eventos, generando precios que funcionan como probabilidades implícitas, Fujimori cotiza con cerca del 70% de probabilidad de ganar la presidencia, frente a 20% de Sánchez y 5% de López Aliaga, aunque este último, de llegar a la segunda vuelta, podría disputarle la victoria. Pase lo que pase, el escenario más probable es que el próximo presidente del Perú provenga de la derecha.

El giro brasileño es más reciente y, por eso, más sorprendente. Hace apenas cuatro meses, Lula parecía encaminado a un cuarto mandato: la economía crecía por encima del 3%, el desempleo estaba en mínimos históricos y Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel por el intento de golpe tras las elecciones de 2022, acababa de sorprender a propios y extraños al ungir a su hijo mayor, Flávio, como candidato. La apuesta fue leída inicialmente como un error: las miradas del establecimiento conservador y del mercado estaban puestas en Tarcísio de Freitas, gobernador de São Paulo y opción moderada de la derecha. En su lugar, Bolsonaro escogió al menos carismático de sus hijos, y el real se depreció con fuerza.

Sin embargo, en las últimas semanas el panorama ha cambiado. Un escándalo financiero de grandes proporciones —el colapso del Banco Master, con ramificaciones en el Congreso y sectores ligados al oficialismo— ha revivido los fantasmas de la corrupción que persiguieron a Lula durante sus primeros mandatos. Al mismo tiempo, la seguridad se ha instalado como la principal preocupación de los brasileños, terreno en el que el presidente ha dado varios tumbos. Sondeos recientes muestran a Flávio Bolsonaro empatado o incluso por encima de Lula en escenarios de segunda vuelta, y Polymarket ya le asigna un 40% de probabilidad de ganar la presidencia, virtualmente lo mismo que Lula, que está a la baja. Un candidato que hace un trimestre era descartado por sus propias bases hoy lleva la inercia a su favor.

Dos países que parecían resistentes a la marea de la derecha ahora se acercan a sumarse a ella. En Colombia, es cierto, el panorama es distinto. Pero mirar a los vecinos sirve para dimensionar el viento de cola que hoy acompaña a quienes se oponen al proyecto de Petro y de la izquierda. La región se ha cansado del ciclo que empezó a finales de la década pasada, y tal vez no hay grandes razones para pensar que Colombia pueda ser la excepción.

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD