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Es un deber defender el sistema de salud

Mientras que en 1995, cuando el país salía de la era del Seguro Social a la que nos quiere devolver Petro, sólo el 29,2% de los colombianos contaba con aseguramiento en salud, en 2023 la cobertura ascendía al 99%.

22 de febrero de 2024
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  • Es un deber defender el sistema de salud

¿Realmente el Gobierno Nacional busca mejorar la salud de los colombianos o está más interesado en quién controla los recursos del sistema? Es una pregunta crucial porque dependiendo de cuál es la verdadera razón de la reforma se tendría que aplicar una estrategia u otra diametralmente diferente.

¿Será que para llevar atención en salud hasta los lugares más recónditos del país se necesita que sea el Estado el que administre los recursos? Ese es uno de los argumentos del gobierno de Gustavo Petro. Pero la realidad es que el Estado tiene el monopolio de la seguridad, la justicia y la educación pública y no los ha logrado llevar hasta la Colombia profunda. ¿Por qué cree Petro que sí lo hará con la salud?

Le ha dado brega a este Gobierno llenar de agua 40 carrotanques para llevarle el preciado líquido a la población de una Guajira sedienta ¿cómo será para garantizar la prestación de salud?

Es indispensable que el país –y el Congreso– se mantenga firme ante la realidad: el actual sistema de salud es el avance social más significativo de los últimos 40 años, a pesar de los esfuerzos que algunos hagan por convencernos de lo contrario con propaganda engañosa.

Mientras que en 1995, cuando el país estaba saliendo de la era del Seguro Social a la que nos quiere devolver Petro, sólo el 29,2% de los colombianos contaba con aseguramiento en salud, en 2023 la cobertura ascendía al 99%. Es decir, en menos de tres décadas, el país logró una cobertura de salud prácticamente universal.

Luego de 30 años de aprendizajes, hoy el sistema de salud cuenta con grandes bondades. Una enfermedad no implica la quiebra financiera de una familia. De acuerdo con cifras del Consejo Privado de Competitividad, el gasto de bolsillo en salud es apenas la mitad del promedio de otros países de América Latina, e incluso menor que el promedio de los países de la OCDE. ¡Es una de las pocas métricas en las que somos competitivos respecto a los países más desarrollados del mundo!. Los hospitales privados están consistentemente entre los mejores, y en sus instalaciones se da otro fenómeno que emociona: se atienden por igual personas sin importar su estrato o sus ingresos.

Y este notable progreso se ha conseguido con un presupuesto relativamente modesto. Al desglosarlo por persona, resulta más bien escaso: se reduce a $140.000 per cápita al mes, cantidad que equivale a algo más de 400 dólares por año, y sitúa a Colombia, entre los países que menos gasta en salud de la OCDE. Es decir, nuestro sistema de salud ha logrado hacer mucho con muy poco.

El “informe bomba” publicado esta semana por la Contraloría, además de ser producto de una mezquindad, lo ha presentado Petro como prueba reina del supuesto fracaso del esquema de salud, cuando en realidad lo que hace es ratificar la queja de las EPS y que la reforma propuesta por el Gobierno no aborda: dice la Contraloría que con el aumento de las necesidades de salud los recursos disponibles ya no alcanzan.

Y eso es totalmente cierto: el valor que se paga a las EPS por cada afiliado es insuficiente, según lo demuestra un estudio reciente de la Universidad Nacional con colaboración de investigadores de Harvard y MIT. La razón por la cual muchas EPS hoy no mantienen las reservas técnicas se debe justamente a esta insuficiencia de la UPC (pago que hace el Estado por persona), que sumada a la demora en los giros por parte del Ministerio, ha provocado que estas reservas se destinen a la prestación del servicio.

Este problema de desfinanciamiento del sistema de salud, lejos de solucionarse con la reforma, se agrava: según los escenarios de factibilidad del Ministerio de Hacienda, la reforma a la salud costará $140 billones adicionales en los próximos 10 años. ¿No sería más lógico y efectivo enfocar los esfuerzos en incrementar los recursos del sistema actual, que ya ha demostrado su eficacia, en lugar de canalizarlos hacia la incierta reforma de salud promovida por el Gobierno?

Como lo ha sostenido Alejandro Gaviria desde los tiempos en los que lideraba la cartera de Salud, en Colombia ya existen varios sistemas sin EPS, basados en pagadores únicos estatales (las Fuerzas Armadas, el magisterio, el Inpec, entre otros), y todos ellos presentan un rendimiento inferior al del sistema que incluye a las EPS. Estos sistemas estatales registran un mayor número de quejas por afiliado y muestran indicadores financieros más desfavorables: entre 2012 y 2016, el sistema de salud de las Fuerzas Armadas, completamente público, tuvo un déficit superior a los $700.000 millones para sus 679 mil usuarios, lo cual, por afiliado, superaba el déficit promedio del sistema de salud general.

La experiencia de Colombia con pagadores únicos en salud ha sido, por decir lo menos, nefasta. Una reforma a la salud que pretende devolvernos a un pasado sin EPS, sin ofrecer alternativas mejores, solo puede ser explicada por una obstinación ideológica por encima del bienestar de los colombianos. Las consecuencias podrían ser desastrosas e irreversibles, poniendo en riesgo la salud de todos..

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