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Un domingo histórico

La libertad rara vez desaparece de golpe. Pero siempre empieza a perderse cuando los ciudadanos renuncian a defenderla

hace 1 hora
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  • Un domingo histórico

Hay domingos que dejan su marca en la historia de la Nación. Y este será uno de ellos –como también lo será el del 21 de junio, si llega a necesitarse una segunda vuelta–.

Hoy Colombia vota. Más de 41,4 millones habilitados tenemos la posibilidad de decidir quién nos gobernará a partir del 7 de agosto. Una oportunidad que debemos asumir con plena conciencia de que se trata de un momento crucial en la historia. Porque lo que está en juego no es solamente quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años. Lo que está en juego es bajo qué reglas será gobernado el país y, en últimas, en qué tipo de Estado queremos vivir.

Hoy no se vota simplemente por un candidato o una candidata. Hoy se vota para preservar un tesoro sin el cual nuestras vidas no serían las mismas: el Estado de derecho y el sistema de pesos y contrapesos que Colombia ha construido durante más de dos siglos para impedir que cualquier gobernante imponga su voluntad por encima de las instituciones y de los ciudadanos.

Lo que vivimos durante la semana que termina fue apenas un ensayo general de lo que puede venir. El presidente Gustavo Petro montó actos multitudinarios y aprovechó cada tarima para hacer campaña a favor de su candidato, Iván Cepeda, violando abiertamente la prohibición legal que impide a los funcionarios participar en política. Al mismo tiempo puso a operar a toda marcha la maquinaria del populismo y anunció rebajas de peajes, devolución de fotomultas y condonación de intereses del Icetex en plena temporada electoral. Y en un video que parece resumirlo todo se ve cómo un “equipo básico de salud” en La Guajira –la gran reforma de Petro– se dedica no a atender enfermos, sino a enseñar a la comunidad cómo marcar el tarjetón por Cepeda.

En cada uno de esos episodios hubo un denominador común: el desprecio por los límites que impone la ley. Por eso hay que salir a votar.

Hay que salir a votar para evitar que los recursos públicos, esa gran vaca que hacemos entre todos los colombianos para financiar el progreso del país, terminen convertidos en instrumentos de corrupción, clientelismo y politiquería.

Pero también hay que salir a votar por la libertad. La libertad de poder pensar distinto. La libertad de poder salir del país y volver a entrar a él. La libertad de emprender, de invertir y de construir un proyecto de vida propio. No lo decimos para alarmar. Venezuela, Nicaragua y Bolivia nos recuerdan que la democracia y la libertad rara vez mueren de un golpe.

Y esa libertad no es abstracta. Gracias a esa libertad un mecánico de Bello que comenzó con un pequeño taller hoy genera empleo para veinte familias. Una diseñadora de Laureles exporta sus creaciones a Europa. Un caficultor de Jardín negocia directamente con compradores extranjeros, porque existen instituciones, reglas estables y seguridad jurídica.

Con la Constitución de 1991 aprendimos que la iniciativa privada no es enemiga del bienestar colectivo ni del Estado. Los grandes avances económicos y sociales que Colombia experimentó durante tres décadas son en buena parte producto de las alianzas entre el Estado y los privados. Y los retrocesos observados en los últimos cuatro años deberían ponernos en alerta a todos.

Puerto Antioquia, por mencionar tan solo el hito más reciente en la región, no nació de un decreto presidencial. Fue posible gracias a la confianza entre el sector privado, las comunidades y el Estado. ¿Qué podría pasar ahora si se sigue el camino de estatizar que ha abierto Gustavo Petro?

Colombia, a diferencia de otros países del vecindario, y de Cuba en particular por estos días, no ha sufrido apagones masivos porque creó un sistema mixto para garantizar el suministro de energía. ¿Qué podría pasar si nos lanzamos a cuatro años más de maltrato a miles de empresarios que estuvieron dispuestos a arriesgar su capital en Colombia porque existían reglas claras y estabilidad jurídica?

Durante el gobierno de Gustavo Petro, esas certezas se han debilitado. Un gobierno de Iván Cepeda sería la continuación de esa incertidumbre. El propio Cepeda ha dicho que dará continuidad al proyecto político de Petro y ha mostrado hacia dónde quiere conducirlo. En varias entrevistas ha dejado claro que su apuesta es un “acuerdo nacional” que podría desembocar en una asamblea constituyente o, en su defecto, en un mecanismo que le permita legislar a él como Presidente por decreto.

Es decir, Cepeda ya ha advertido su intención de saltarse el Congreso, de modificar los contrapesos y transformar la arquitectura institucional que a este país le ha costado décadas construir.

Las encuestas indican que a ningún candidato le alcanza hoy para ganar de una vez la Presidencia, y que el próximo presidente se definirá en la segunda vuelta del 21 de junio. Pero por supuesto cualquier cosa puede pasar.

Por eso este domingo tenemos que volver a poner de moda el acto de votar. Se trata de hacernos responsables de nuestro voto, pero también de convencer a otros de acudir a las urnas.

Porque la libertad rara vez desaparece de golpe. Pero siempre empieza a perderse cuando los ciudadanos renuncian a defenderla en las urnas.

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