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Una guerra que jamás debió estallar

La carta de intención que firmaron EE.UU. e Irán es un alivio para la comunidad internacional, pero también un motivo de reflexión sobre la vulnerabilidad del planeta.

hace 1 hora
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  • Una guerra que jamás debió estallar

La frenética diplomacia internacional reciente nos ha recordado que el mundo pende de hilos muy finos. El memorando de entendimiento (MOU) o carta de intención que firmaron Estados Unidos e Irán es un alivio para la comunidad internacional, pero también un motivo de profunda reflexión sobre la vulnerabilidad del planeta.

Sin duda, reabrir el estrecho de Ormuz marca el fin de una tensa crisis global tras meses de una guerra que paralizó la región y disparó los precios del petróleo. Este pacto garantiza la libre navegación y frena el riesgo de una conflagración mayor, de manera que alivia la presión sobre la economía mundial y los mercados energéticos.

Ese memorando de entendimiento representa, sin lugar a duda, un triunfo de la diplomacia pragmática sobre la confrontación directa. Sin embargo, sería un error mayúsculo pecar de ingenuos y cantar victoria definitiva. El MOU es, en esencia, un pacto provisional. El texto si bien permite la apertura del estrecho de Ormuz, sobre casi todos los demás asuntos acuerda seguir intentando alcanzar un pacto definitivo.

Las cuestiones de fondo, como el estatus del programa nuclear iraní o la posición irreductible de Israel en la frontera libanesa, siguen sobre la mesa, esperando ser resueltas en futuras y complejas rondas de negociación. La paz en Oriente Medio ha demostrado ser históricamente frágil, construida sobre arenas movedizas en las que un solo paso en falso puede deshacer años de avances diplomáticos.

Si bien Trump lo presentó en la Cumbre del G7 como una victoria, pues aseguró que el acuerdo garantiza que Irán no comprará o desarrollará un arma nuclear, todo indica que el texto no va hasta allá. Según reporteros de la BBC, que tuvieron acceso al contenido del acuerdo, Irán solo se compromete a reducir el grado de enriquecimiento de sus reservas de uranio –ya altamente enriquecido– y se dan 60 días para que las dos partes lleguen a un pacto nuclear duradero. Si bien lo del uranio es considerado como una “concesión significativa” de Irán por los funcionarios estadounidenses, 20 meses de plazo para el gran pacto no parecen suficientes.

Incluso llama la atención que el memorando de entendimiento lo firmaron de manera virtual las dos partes, si se tratara de un logro mayúsculo lo habrían firmado cara a cara con celebración por todo lo alto.

Para algunos se trata de una derrota para Estados Unidos, una capitulación geopolítica que disminuirá su capacidad de influencia en la región durante mucho tiempo. Trump no ha negociado un “acuerdo diplomático”, sino un “memorando” que no tiene el mismo significado en las relaciones internacionales.

Cerrar Ormuz fue la gran jugada estratégica de Irán. Ni Trump ni Netanyahu la habían anticipado. “Las ambiciones nucleares de Irán no fueron frenadas, y han aprendido que amenazar el Estrecho de Ormuz funciona y sin duda lo aprovechará en el futuro”, escribió en X el senador republicano Bill Cassidy.

Irán ha aceptado reabrir Ormuz durante 60 días. Si después decide volver a cerrarlo, Estados Unidos no podrá impedirlo porque eso sería escalar un conflicto que, sin duda, costaría la vida de bastantes soldados norteamericanos.

El borrador de la carta de intención de 14 puntos revela una capitulación: el documento obliga a Washington a levantar el bloqueo naval y retirar sus fuerzas, mientras Teherán obtiene la suspensión de sanciones y acceso a activos congelados a cambio de compromisos nucleares limitados.

Celebramos que la cordura haya prevalecido y que el flujo marítimo garantice el abastecimiento mundial. No obstante, no debemos olvidar que esta dependencia del petróleo sigue siendo el talón de Aquiles de la estabilidad contemporánea. El gran desafío ahora para los líderes mundiales será convertir este alto al fuego temporal en una paz duradera que garantice la seguridad regional sin que el comercio internacional deba seguir viviendo bajo la constante amenaza del bloqueo. La lección es clara: hay que diversificar nuestras fuentes de energía antes de que otro conflicto nos ponga de nuevo contra la pared.

En la cumbre del G7, el propio Trump mostró no estar muy convencido de que el acuerdo logre una paz duradera: “Si no se consigue en 60 días, no pasa nada. Volvemos a los bombardeos”, dijo en rueda de prensa. .

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