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Los vinilos no quieren desaparecer

  • William Martínez y su almacén de discos. FOTOS Marggie Riaza.
    William Martínez y su almacén de discos. FOTOS Marggie Riaza.
  • Los vinilos no quieren desaparecer
  • Giovanni Pérez en su tienda de música. Fotos: Melissa Gutiérrez
    Giovanni Pérez en su tienda de música. Fotos: Melissa Gutiérrez
  • Los vinilos no quieren desaparecer
Por marggie riaza
melissa gutiérrez | Publicado el 30 de octubre de 2015
54,7 %

aumentó la venta de vinilos en 2014 respecto a 2013, según la Federación Internacional de la Industria Discográfica.

No pasaron de moda. Los vinilos todavía se consiguen en Medellín de diferentes formas: De segunda, en perfecto estado o con una que otra marca de uso dejada por sus dueños originales. Pero también los venden nuevos, completamente sellados y en ediciones especiales.

La Twittercrónica visitó dos lugares de la ciudad en donde estas joyas musicales son comercializadas. Espacios en los que los melómanos, curiosos o coleccionistas pueden encontrar todo tipo de piezas.

Música entre libros

Entre los pasillos estrechos del Centro Popular del Libro del Pasaje La Bastilla, está Musicales La Bastilla, un local que en medio de tantas enciclopedias, documentos y revistas, sobresale por su prolija exhibición de discos de vinilo. Su propietario, William Martínez, es el hombre que desde hace siete años está a cargo del negocio.

Su amor por este formato se nota en cada palabra, en el orden y limpieza de su local, pero sobre todo en la manera cálida en la que trata a sus clientes. “Yo vengo acá desde que abrieron, soy coleccionista de vinilos de porros y ya tengo unos 20 mil. Siempre vuelvo a este lugar a ver qué ha llegado de nuevo y espero seguir haciéndolo por mucho tiempo”, explica Carlos Pérez, uno de sus tantos clientes fieles.

En sus estantes hay un completo surtido, son unos 10 mil Long Play (LP) los que tiene para vender, “y eso que en la casa tengo dos bodegas llenas, casi tres veces más que lo que ve acá”, agrega William. Baladas americanas, porros, cumbias, rancheras, tangos y música clásica son algunos de los géneros que allí se encuentran.

Desde mil pesos en adelante William vende sus LP, “este es el lugar de Medellín, de Colombia y del mundo en el que se consiguen más baratos”, asevera. Para él, el precio de cada pieza lo dicta el mismo cliente.

Cuenta, por ejemplo, que una vez llegó una señora preguntando por un disco de música tropical que él tenía en el local. La mujer, al verlo, se emocionó tanto que le dijo que le ofrecía 100 mil pesos porque llevaba buscándolo mucho tiempo. “Yo se lo hubiera regalado porque para mí no valía nada”, agrega.

Los clientes llegan, buscan entre las copiosas filas de discos, hacen preguntas y tratan a William como un amigo de toda la vida. Algunos dicen abiertamente frases como “es que este es el mejor lugar” o “gracias a William los coleccionistas nos hemos unido”.

Además de hacer de este local su modo de sustento, este hombre de 49 años ha hecho de los LP su estilo de vida, organiza encuentros de coleccionistas en los que se reúnen a escuchar música en este formato y sueña con tener un café en el que la gente pueda llevar sus discos y oírlos. “Esto es patrimonio, cultura, aquí debería haber un museo de esto”, reflexiona.

Vinilos de la era digital

Tal vez la vida no le dio a Giovanni Andrés Pérez una visión perfecta, puesto que tiene que usar lentes, pero, en cambio, le otorgó unos oídos agudos, que saben distinguir cuándo los sonidos salen de un disco de vinilo y cuándo, por ejemplo, salen de un disco compacto.

Giovanni, melómano hasta los tuétanos, es el dueño de Red Store Entertainment, una tienda de música ubicada en el Parque Comercial El Tesoro que abrió sus puertas en diciembre de 2013 y que hoy en día, además de CD y DVD, también tiene alrededor de 300 vinilos nuevos a la venta de todos los géneros como rock, salsa, latin jazz, bolero y metal.

“El primero que importé para vender acá a mediados de 2014 fue Duetos, de Frank Sinatra. Luego fui pidiendo de a cinco y ahora hago tres grandes importaciones en el año desde Inglaterra, Rumania, República Checa y Estados Unidos”, cuenta.

¿Pero sí se venden vinilos nuevos si vivimos en la era digital? “En Colombia estamos muy atrasados en el tema, pero por fuera del país hay un boom de los vinilos. En el mundo hay un resurgimiento de la industria como tal desde hace unos cinco años” explica Pérez, quien vende alrededor de 20 unidades por semana, aunque la subida del dólar ha afectado el negocio.

En Red Store hay vinilos desde 60 mil pesos, como el Festival de Caserios, de Estiby Colon y su orquesta, hasta una edición de lujo de Thick as a Brick, de Jethro Tull, que trae libro, álbum de fotografías y dos vinilos de 180 gramos y cuesta 350 mil pesos.

Además, como muy poca gente en Colombia quedó con los tocadiscos o los tienen sin agujas, este mercado también se está moviendo. “Las tornamesas también las importamos, manejamos una marca que se llama Audio-technica que oscila entre los 600 mil y el millón y medio de pesos, dependiendo de lo que tenga. Y también vendemos las agujas”, relata el dueño de la tienda.

Los clientes del almacén no tienen edad definida, van desde niños hasta gente de la tercera edad.

“El año pasado, una niña entró a la tienda y vio el vinilo de Daft Punk y se puso a llorar porque decía ´mi papá siempre me hablaba de los vinilos pero yo nunca había tenido la oportunidad de verlos´. Entonces nosotros le abrimos el disco y se lo mostramos y la niña lloraba de la alegría. Esas son cosas que se ven en este negocio”, expresa Pérez.

Tanto William como Giovanni coinciden en que alternativas para escuchar música hay muchas, pero en ningún formato se escucha mejor que en un disco de vinilo.

“El que no tenga el oído afinado tal vez no note la diferencia, pero un melómano de verdad sabe apreciar los bajos y el brillo que salen de los discos analógicos”, afirma Giovanni.

Contexto de la Noticia

Melissa Gutiérrez Morales

Editora de la unidad de Interacción

Marggie Riaza

Lectora sin remedio y contadora de historias. En general, diletante. Periodista de El Colombiano.

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